¿No puedes dejar de pensar en la comida, ni comer? ¿Comes más de lo que crees necesario y te sientes culpable al hacerlo? Si la respuesta es sí, puedes ser un comedor compulsivo.
Actualmente, los trastornos alimentarios a los que se les presta mayor atención por ser los más conocidos, son la bulimia y la anorexia, pero existe un tercero igualmente importante: comer compulsivamente.
Comer compulsivamente acarrea complicaciones que van desde lo físico (problemas digestivos u obesidad), hasta los daños emocionales y psicológicos, por lo que es necesario prestarle atención.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define la salud como “un estado de bienestar físico, mental y social, y no solo la ausencia de molestias o enfermedades”. Así, entendemos que si una persona come de forma tal que atenta contra su bienestar, no se encuentra en un estado saludable, aunque todavía no muestre síntomas de enfermedad.
La compulsión para comer suele presentarse como resultado de situaciones emocionales difíciles de manejar, en las que la comida se convierte en un alivio temporal del malestar causado por un estado de ansiedad. El comer compulsivamente, se convierte en adicción cuando el abuso se realiza repetidamente como medio para lidiar con los conflictos emocionales.
Algunas señales de alerta que pueden indicar si tienes este problema:
- La comida como centro de preocupación.- Anticipas situaciones en las que sabes que vas a comer: durante las actividades del día, para celebrar eventos, en vacaciones, etc.; Sientes una fuerte necesidad de comer cuando estás bajo estrés.
- Rigidez e inflexibilidad en tu estilo de vida.- Tienes que comer a determinada hora (por ejemplo, al ver la tele); no puedes ir a ninguna parte si no llevas o hay comida; no toleras interrupciones cuando estás comiendo; limitas tus actividades sociales a aquellas que tengan relación con la comida; te molesta que alguien te haga algún comentario sobre la cantidad que comes.
- Aumento de tolerancia hacia la comida.- Nunca te llenas (como si tuvieras una pierna hueca); obtienes comida a escondidas de los demás.
- Pérdida de control ante la comida.- Comes la mayor parte del tiempo.
Si te identificas con alguna de las señales anteriores, conviene reflexionar sobre el problema y buscar ayuda. Puedes leer más sobre el tema, acudir a algún grupo de autoayuda o con algún profesional para que te oriente. Pedir ayuda siempre es una buena opción; todos en algún momento necesitamos ayuda.
Tomar acciones para liberarnos de comer compulsivamente es un proceso radical que nos da la oportunidad de elegir, de ser responsables de nosotros mismos. Si no tenemos oportunidad de elegir y dependemos completamente de otros o de nuestro entorno, perdemos nuestra calidad de vida. Al librarnos de la compulsión, retomamos el control de nuestras vidas.
Debemos esforzarnos por identificar y expresar nuestras emociones, en vez de ocultarlas en nuestro interior cubiertas de comida. Lo único que necesitamos de entrada es reconocer el problema y estar dispuesto a enfrentarlo. Poco a poco descubriremos la forma de hacerlo.