1. Lleva a la mesa los platos individuales ya servidos, es decir, no tengas a la mano las ollas o los platones para evitar la tentación de servirse más.
2. Utiliza platos y cubiertos más pequeños. Cuando uno come de un plato más pequeño tiende a comer menos que cuando lo hace de un plato más grande. El plato pequeño se ve más lleno lo que crea una especie de ilusión óptica que influye en nuestra percepción de la cantidad que comemos y en las señales de saciedad de nuestro cuerpo.
3. Utiliza vasos largos y angostos en lugar de bajos y anchos. Beberás menos cantidad. Pero esta regla no la apliques con el agua, que debes consumir en abundancia.
4. Mastica despacio, todas las veces que sean necesarias y pásate el bocado hasta que la comida esté bien triturada.
5. Suelta los cubiertos entre un bocado y otro.
6. Sirve los aderezos de ensalada por separado. Moja primero el tenedor en el aderezo y luego pincha la ensalada. Usarás menos cantidad y gozarás de todo el sabor. Otra alternativa son los aderezos con limón, vinagre o yogurt con especias pero sin aceite.
7. Si aún te sientes con hambre y se te antoja servirte una segunda porción, espera unos minutos y escucha las señales de tu cuerpo. Es probable que con la espera descubras que ya estás satisfecho y decidas no servirte de nuevo.
(Fuente: INCMNSZ)