También se hacen otras pruebas para identificar células del epitelio vaginal normales o alteradas por la infección, leucocitos que marcan la presencia de una respuesta inflamatoria siempre que superen un determinado número, bacterias con diferentes morfologías, levaduras, parásitos, etc. El aspecto microscópico, acompañado del pH puede aclarar casi el 80% de los casos que se presentan a la consulta.
El tratamiento se realiza dependiendo del origen del flujo y la frecuencia de su aparición, y debe en casi todos los casos ser controlada por un médico. Entre las recomendaciones están estar:
- Consultar con el ginecólogo.
- Suspender las duchas vaginales y usos de esponjas.
- Evitar la automedicación, y al utilizar cremas, óvulos o pastillas de fácil acceso en farmacias, esta seguras del origen de la infección. A veces esta puede ser grave como las generadas por enfermedades de transmisión sexual, cuyo tratamiento debe ser oportuno, adecuado y efectivo.
- Cumplir con el tratamiento completo para evitar el resurgimiento del flujo.
- Efectuar el tratamiento en pareja, cuando así lo determine el médico y extenderlo a todas las parejas sexuales aunque no tengan síntomas.
- Utilizar condón durante todo el tiempo del tratamiento.
- Cuidar mucho la higiene personal, realizando simplemente un lavado cuidadoso con agua y jabón de baño corriente, secar bien la zona genital y evitar mantener la humedad.