El diagnóstico se establece después de integrar la historia clínica y realizar una exploración ginecológica abdominal y/o vaginal.
Puede confirmarse con una ecografía o sonografía, para descartar que el tamaño del útero no se deba a un embarazo o problema de otro tipo.
Después de establecido el diagnóstico, el médico determinará el tratamiento a seguir, que depende de factores como la edad, condición de salud, el deseo de tener hijos o no, el tamaño y localización de los miomas y de la gravedad de los síntomas.
Es importante conocer que los miomas no son tumores malignos, no es cáncer y que por lo mismo, si bien se deben tener cuidados adicionales, no hay motivo de excesiva preocupación.
Para el tratamiento adecuado, son necesarias las visitas periódicas al ginecólogo, con objeto de llevar un seguimiento adecuado al problema y vigilar el comportamiento de los miomas.
El tratamiento es a base de medicamentos hormonales y antiinflamatorios que inhiban la síntesis de prostaglandinas y que pueden ayudar a frenar el crecimiento y en casos extremos se recurre a la cirugía o miomectomía.
Para el control de la anemia es necesario siempre la administración de hierro, ya sea por medio alimentos que lo contienen como la carne roja, verduras de hoja verde intenso como los berros, el hígado, el huevo etc. O por medio de suplementos si se llegara a necesitar. Esto se determinará por medio de un análisis de sangre y deberá ser controlado por el médico.
También son importantes los suplementos de magnesio y vitamina B, para combatir el exceso de estrógenos.
La cirugía es recomendada para mujeres que desean embarazarse y en casos extremos, cuando el útero sea muy grande o los miomas crezcan muy rápido y ocasionen muchas molestias, se tendrá que extirpar el útero con o sin los ovarios.
Una de las técnicas quirúrgicas de mayor éxito y poca agresividad es la laparoscopía o la histeroscopía, que además permite a las mujeres abandonar el hospital al día siguiente de la operación.