Diagnóstico y tratamiento

 
 
 
por: Redacción
Fuente: esmas.com
 

Un tacto rectal y otros estudios ayudan a establecer el diagnóstico y el tratamiento

 
El diagnóstico se establece mediante la historia clínica y un estudio rectal, en el que el médico hace un “tacto”, por la zona del ano para sentir el tamaño de la próstata y determinar la gravedad de la inflamación.

Adicionalmente se corrobora el diagnóstico mediante exámenes de sangre para determinar la presencia del antígeno específico de la próstata o PSA.

El examen de orina debe incluir una prueba para determinar la fuerza del flujo o la cantidad. El cultivo de orina incluye tres muestras que se deben recolectar al mismo tiempo que se aplica un masaje prostático para recolectar el líquido prostático e identificar la presencia de glóbulos blancos y bacterias.

Otro estudio es de secreción prostática, que se extrae mediante el masaje de la próstata que se aplica de forma digital por el médico y de semen extraído en una eyaculación provocada.

Otros estudios necesarios son la ecografía o monograma rectal, de riñones, vejiga y próstata y los rayos X.

El tratamiento es diverso dependiendo del origen y tipo de la prostatitis, pero en todos los casos tiene como finalidad disminuir la inflamación de la próstata y relajar los músculos pélvicos.

El uso de antiinflamatorios y relajantes musculares es necesario y cuando el origen es bacteriano se recomiendan antibióticos durante más de 7 días. En estos casos es importante no abandonar el tratamiento para evitar las inflamaciones crónicas.

En casa, los baños de agua caliente, el tomar abundante cantidad de agua, el provocar eyaculaciones frecuencias y el dejar de consumir irritantes como café, chile o condimentos ayuda en el tratamiento.

En algunos casos el médico puede solicitar una cistoscopia o cistouretroscopia, que consiste en la inserción por la uretra, de un tubo fino con fibra óptica y lentes como los de un microscopio para que el médico observe el tamaño y comportamiento de la próstata y descarte anomalías orgánicas, tumores y otro tipo de problemas.

Existen dispositivos que permiten remover parte de la próstata sin cirugía. Generalmente, estos procedimientos pueden realizarse en una clínica o en un hospital sin necesidad de internar al enfermo.

Un último recurso dependiendo de la gravedad del problema, es la cirugía, para remover una porción de la próstata. Se puede realizar de dos formas: a través de la uretra o por cirugía abierta, que implica realizar un corte a través de la piel sobre la base del pene y se recomienda cuando la próstata está muy crecida.

La cirugía más común es la llamada resección transuretral de la próstata, o TURP. Para una TURP y para cirugía abierta es necesaria la anestesia general y la hospitalización. En estos casos, la cirugía puede afectar la actividad sexual por un tiempo, pero en general todos los hombres se recuperan satisfactoriamente dentro del primer año después de la cirugía.

 
 
 
La prostatitis se diagnostica con un tacto rectal.
La prostatitis se diagnostica con un tacto rectal.
Foto: Agencias
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