Cuando una mujer descubre que está embarazada, debe confirmarlo mediante una prueba de orina o sangre y consultar un ginecólogo, quien desde ese momento deberá llevar un control mensual de los avances del embarazo tanto para establecer que todo se está desarrollando normalmente como para detectar algún problema que pueda poner en riesgo la vida o la salud o la integridad física tanto de la madre como de su bebé.
Si bien las náuseas en muchas mujeres parecen ser uno de los primeros síntomas de un embarazo, también son uno de los motivos de consulta urgente, además de un sangrado, es la presencia de náuseas y vómitos severos que cuando se trata adecuadamente, no tiene por qué ocasionar complicaciones ni para la madre ni para el bebé.
Cuando los vómitos son leves, la futura mamá, debe hacer algunos cambios en su dieta, ingiriendo más proteínas y carbohidratos complejos tales como nueces, queso, galletas saladas, leche y otros alimentos que serán ingeridos en pequeñas cantidades a lo largo del día en lugar de tener 3 grandes comidas.
También es importante evitar y disminuir los alimentos grasosos, irritantes y muy condimentados; tomar mucho agua limpia y hervida durante el día y descansar tanto como sea posible, si la madre trabaja, debe darse espacios para relajarse, caminar tranquilamente y elevar las piernas por momentos.
Es importante para la mujer embarazada mantenerse hidratada mediante el consumo de líquidos, por lo que se recomienda tomarlos cuando sienta menos náuseas y sepa que los va a poder retener. Las aguas de soda pueden ser de mucha ayuda.
Cada mujer es diferente, por lo que su médico es el encargado de ver si puede recomendarle la toma de medicamentos antiácidos y antieméticos, es decir contra el vómito. Estos medicamentos se reservan para los casos en que los vómitos son tan severos y persistentes que pueden representar un riesgo tanto para la madre como para el bebé.
En casos muy severos de hiperemesis gravídica, será necesaria la hospitalización, para que la madre reciba suero o líquidos de forma intravenosa, glucosa, electrolitos, vitaminas y suplementos nutricionales, para restablecer su balance electrolítico y evitar la deshidratación, desnutrición o anemia en caso de tener el riesgo.
Las mujeres embarazadas deben mantener un mayor nivel de calorías, proteínas, hierro y folatos, por lo que el control orientación alimenticia y atención a las indicaciones del médico, son fundamentales para tener un buen embarazo libre de riesgos.
En casos en que los síntomas sean muy persistentes, el médico puede recomendar estudios para evaluar las condiciones del tracto gastrointestinal, desde el esófago hasta los intestinos o del hígado, para descartar otro tipo de problemas en estos órganos.
Es muy importante recordar, que por ningún motivo se debe someter la madre a radiografías, ya que los rayos X provocan malformaciones en el bebé en desarrollo, así que si se acude a realizar estudios, debe informarse bien la técnico para que adopte las medidas necesarias para la protección de la madre y del bebé.
La mayoría de las náuseas y de los vómitos durante el embarazo son normales, aunque desagradables, por lo que se debe contar también con la ayuda y tolerancia de las personas que rodean a la futura mamá.