Las mamas o pechos son dos órganos que en la mujer se desarrollan más que en los hombres a partir de la adolescencia y que contribuyen a dar al cuerpo su forma femenina.
Tienen una gran variedad de formas y tamaños, pero estas diferencias no tienen nada que ver con su principal función que es la de producir leche para poder alimentar a los recién nacidos.
De forma natural y general casi todas las mujeres tienen el pecho izquierdo ligeramente más pequeño y voluminoso que el derecho.
Empiezan a desarrollarse al inicio de la adolescencia, en la pubertad, debido al inicio de la producción de hormonas sexuales y en ocasiones esto ocasiona un poco de molestia, incomodidad y pena entre las jovencitas, para quienes también el tamaño suele preocupar un poco, bien si son demasiado pequeños o por el contrario si son demasiado grandes.
En la mujer joven tienden a ser más firmes y densos que en una mujer mayor y su forma es más cónica. Con el paso de los años se van redondeando más y como tienen cierta cantidad de grasa, que con el tiempo se va alterando, su forma y peso cambian, lo que origina que en después de la menopausia, los pechos empiecen a “colgarse” o ponerse fláccidos.
Están formados por las glándulas mamarias, que son las productoras de leche y una serie de conductos que la conducen hasta el pezón, que tiene más o menos 20 pequeños orificios, que durante el embarazo y lactancia se abren para permitir la salida del maravilloso líquido.
El tejido mamario recibe oxígeno y nutrimentos a través de la sangre que les llega por medio de las ramas de la arteria principal de la axila y de la arteria mamaria interna.
También tienen un sistema linfático, que es una cadena de vasos parecidos a los sanguíneos que eliminan líquido y lo drenan hacia los ganglios linfáticos, este sistema participa mucho en las defensas para prevenir una infección.
Durante el crecimiento de los pechos, en la adolescencia y en ocasiones, antes y durante la menstruación, puede haber algunas molestias en los pechos, que son normales.
Esto se debe a que las hormonas preparan los tejidos para un posible embarazo y ocasionan una leve inflamación y con ello mayor sensibilidad y hasta un leve dolor.
Pero si bien estas molestias son normales, se debe tener especial cuidado ante cualquier cambio de color, temperatura, forma o por la aparición de alguna bolita, por lo que se recomienda autoexplorarlos por lo menos una vez al mes, y realizarse una mastografía anual si el médico así lo considera necesario o si se es mayor de 40 años.