Donador por muerte cerebral

 
 
 
por: Redacción esmas
Fuente: esmas.com
 

Una persona con muerte cerebral puede salvar 8 vidas y mejorar la calidad de vida de varias personas más

 
La muerte cerebral se presenta cuando hay una destrucción de la masa encefálica ocasionada por un traumatismo de cráneo o infarto cerebral y si bien los médicos pueden mantener funcionando órganos vitales como los pulmones, el cerebro se encuentra de tal forma afectado que por si sólo no recuperará estas ni otras funciones.

La muerte cerebral, legalmente establecida en muchos países como la muerte definitiva de la persona, se define por tanto como el cese o la ausencia total e irreversible de todas las funciones cerebrales, lo que ocurre cuando el tallo y la corteza cerebral han sido destruidos y no hay forma de volverlo a la vida, aunque médicamente exista la posibilidad de mantener durante unas horas o días, la actividad cardiaca y respiratoria funcionando de forma artificial.

La muerte cerebral no es lo mismo que es estado de coma, ya que en éste, todavía hay actividad cerebral y existe la posibilidad de que la persona reaccione y continúe viviendo. Por eso es muy importante la corroboración de la muerte, mediante estudios muy precisos y cuidadosos.

La muerte cerebral es provocada por traumatismos craneoencefálicos, generalmente sufridos en accidentes, por accidentes cerebrovasculares, encefalopatía anóxico-isquémica o por tumores cerebrales primarios.

Para determinar este tipo de muerte los médicos realizarán distintos estudios, en lapsos determinados de tiempo, de acuerdo a lo estipulado en la Ley General de Salud, entre ellos están una exploración física completa en donde se revise el reflejo pupilar, corneal, oculovestibular, oculocefálico, nauseoso, tusígeno y ausencia de la respiración espontánea. Además de realizar dos o más eletroencfalogramas isoelécticos con diferencia de 5 horas entre cada uno de ellos y/o una arteriografía que demuestre la ausencia de flujo sanguíneo cerebral.

Los fallecidos por muerte cerebral, pueden donar órganos y tejidos: dos córneas, dos riñones, dos pulmones, corazón, páncreas, hígado, piel, huesos, válvulas cardiacas, ligamentos, cartílagos, duramadre, venas, fascia e intestino delgado. Lo que significa que cada uno de ellos puede salvar más de ocho vidas y mejorar la calidad de vida de otros más.

Sin embargo, el número de pacientes que fallecen por esta causa y llegan a donar sus órganos son únicamente del 1% y el problema se debe principalmente a la negativa familiar, fundamentada en el temor de que la persona siga con vida.

Tampoco se realiza cuando hay alguna contraindicación médica para la donación, problemas para mantener “vivo” al donante, negativa judicial de la donación y otros problemas logísticos que pueden ser como la conservación y el traslado de los órganos a los destinos ideales.

 
 
 
Un donador con muerte cerebral puede salvar más de 8 vidas.
Un donador con muerte cerebral puede salvar más de 8 vidas.
Foto: AP
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