A lo largo de la historia, hemos sufrido y presenciado los destrozos y daños causados por los fenómenos naturales a que está expuesto el ser humano y si bien no los podemos evitar, si estamos preparados, muchos de sus efectos se pueden prevenir y minimizar.
Aunque el hombre ha tratado de protegerse contra sus efectos, algunas acciones son insuficientes porque a veces nos preocupamos durante y después de los eventos pero no antes, que es cuando realmente podemos hacer algo para evitar o disminuir los riesgos y daños.
México es un país que por su situación geográfica y sus características está expuesto a diversos fenómenos naturales que pueden causar grandes desastres, pérdida de vidas humanas y alteraciones climatológicas.
Dos terceras partes de su territorio están en zona sísmica, por la presencia de las placas tectónicas de Cocos y Norteamérica.
En esta gran franja también se localizan muchos volcanes, la mayoría activos, de los que 14 de ellos han hecho erupción en los últimos años.
La ubicación del país en una zona intertropical y rodeada en sus costados por mares, lo hace susceptible a los huracanes que año con año golpean con enorme fuerza.
Más o menos cada año llegan entre 25 ciclones, huracanes y tormentas tropicales en promedio y, aunque son 4 o 5 los que logran entrar en el territorio, sus efectos son devastadores.
Las marejadas y efectos de los fuertes vientos azotan las zonas costeras del Pacífico, del Golfo y del Caribe causando a su vez graves inundaciones y deslaves, las que también se presentan en otras zonas como laderas de las montañas o la cercanía de ríos, en donde cada vez hay más asentamientos humanos.
Otro de los fenómenos comunes son las inundaciones causadas por las lluvias torrenciales que se presentan entre los meses de mayo y septiembre en casi toda la República y en contraste hay zonas que cada año padecen sequías que afectan la agricultura y la ganadería pero sobre todo, la salud de las personas que habitan en ellas.
Las sequías a su vez y el aumento de calor durante la primavera y el verano, provocan grandes incendios con las terribles consecuencias que ello conlleva, enormes áreas de bosques, selvas y pastizales son consumidas, unas de forma natural y otras por descuido del hombre.
Todo ello, además de lo que implica en relación con la pérdida de bienes materiales y aún más de vidas, también acarrean muchas enfermedades, y la proliferación de insectos y fauna nociva.
El cambiante clima, las extremosas temperaturas, ocasionadas por el calentamiento global, las inversiones térmicas y otros fenómenos, ocasionan que muchas enfermedades aumenten su incidencia, afectando sobre todo a niños, personas mayores y personas en situación de desnutrición y pobreza extrema.
Pero si todos ponemos un poco de nuestra parte, cuidando nuestra alimentación y el agua potable, ahorrando energía, protegiendo al ambiente, evitando la tala de árboles, estableciendo nuestras viviendas lejos de corrientes de ríos, controlando nuestras enfermedades visitando al médico oportunamente, evitando la acumulación de basura, y otras acciones más que nos preparan para las temporadas de huracanes, lluvias e inundaciones, entre otras, los efectos de estos fenómenos serán menores.
Elige estar bien contigo y cuida a tu familia en esta temporada de lluvias.