El hombre al nacer se encuentra desprovisto de la protección que le permite defenderse de la agresión de los microorganismos que se encuentran en el medio ambiente y que al entrar en el organismo provocan una infección, cuyo término implica la presencia de un microorganismo vivo capaz de causar enfermedad en otro. En el medio ambiente hay una gran variedad de microorganismos que viven y se multiplican sin dificultad y que en algún momento, hacen contacto con el ser humano que se convierte en su huésped y lo infectan, lo que depende en gran medida de si se tienen o no defensas o anticuerpos para protegerse.
El ser humano siempre ha luchado contra las enfermedades y en su intento por hacerlo, ha logrado descubrimientos maravillosos que le han permitido aumentar su esperanza de vida y gozar de mejores niveles de salud.
Hace tiempo, muchas personas morían durante la infancia o juventud por enfermedades que ahora ya casi no existen o se tienen controladas y las causas de mortalidad en su mayoría, se debían a enfermedades infectocontagiosas.
Fue a partir del siglo XIX, que grandes inventos como el microscopio permitieron conocer las causas, formas de transmisión y comportamiento de la mayoría de las enfermedades infecciosas.
Esto dio origen a la invención de medicamentos como la penicilina, pero también de las vacunas, que tienen la característica de poder prevenir las enfermedades, antes de que se presenten o ayudan a mitigar los efectos que producen cuando llegan a dar.