Cada mes, antes o durante la regla o menstruación, muchas mujeres sobre todo las jovencitas, sufren los molestos cólicos menstruales, que se manifiestan en cólicos abdominales, mareos, malestar general, dolor de cabeza y/o sensación de pesadez en la pelvis.
Cuando los cólicos son intensos y prolongados el padecimiento recibe el nombre de dismenorrea y normalmente, los síntomas desaparecen uno o dos días después del flujo menstrual.
Muchos mitos hay con relación a los cólicos menstruales, sin embargo en la actualidad sabemos que la mayoría de las veces se deben a unas sustancias químicas parecidas a las hormonas, llamadas prostaglandinas, que producen contracciones musculares necesarias para que el útero expulse el flujo menstrual.
En algunas mujeres, los cólicos disminuyen después de tener un hijo pero en otras, el problema empeora, pero cuando se sufre de dolor intenso y frecuente, lo mejor es consultar al ginecólogo para que determine el tratamiento adecuado.
Para identificar el problema, el ginecólogo realizará un examen pélvico y en su caso un papanicolau, a veces mandará hacer un análisis de orina y de sangre y una evaluación con ultrasonido, si el caso lo amerita, se hará una histeroscopia para examinar el interior del útero y una laparoscopia, que consiste en introducir en la cavidad abdominal un tubo con sistema óptico para detectar patologías tales como tumores y adherencias.
La dismenorrea primaria se puede aliviar o prevenir con fármacos antiinflamatorios no esteroides, que bloquean la producción excesiva de prostaglandinas, entre ellos está la aspirina o el ibuprogeno, sin embargo hay que recordar que cada caso y cada persona es diferente, por lo que no hay que automedicarse y siempre es más efectivo si la atención y el tratamiento es personalizado.
Para prevenir los cólicos, se debe empezar el tratamiento uno o dos días antes de que la fecha en que se espera el flujo menstrual y continuar hasta uno o dos días después.
Las pastillas anticonceptivas, en algunos casos pueden ayudar, pero se debe consultar al médico para evitar complicaciones posteriores.
Si además del dolor, hay fiebre, flujo vaginal, sangrado irregular o dolor de espalda, el problema puede ser más delicado y podría tratarse de una enfermedad pélvica inflamatoria, que es una grave enfermedad.