Sin embargo podemos modificar lo que no nos gusta o con lo que no estamos de acuerdo, porque somos seres individuales, libres y podemos decidir nuestro futuro y forma de ser.
La aceptación de nuestro padre, de nuestra madre, del trato que recibimos, de las oportunidades que tenemos para expresarnos, para estudiar, para trabajar, para aprender o para divertirnos, son la base de lo que somos y de lo que seremos, por eso cuando se desea tener un hijo y se está en posibilidades de cuidarlo y amarlo, darle una ambiente propicio para un sano desarrollo y tenemos la madurez y capacidad para sacrificar muchas cosas e invertir tiempo y recursos en un hijo o hija, entonces podemos decir que estamos listos para ser padres.
La paternidad es algo maravilloso que nos permite crecer, nos da la oportunidad de reaprender lo olvidado, de jugar, de volver a ser niños, de descubrir los maravillas que hay a nuestro alrededor, de tener todos los días un motivo para ser mejores, para luchar, para regresar al hogar.
Pero cuando se es demasiado joven y no se desea o nos sorprende el compromiso de un hijo, probablemente tenerlo nos hará sentir frustrados e incapaces de cumplir con las responsabilidades que esto significa y de esta forma, ser padre o ser madre, será una carga muy difícil de llevar.
La responsabilidad de un embarazo y posteriormente de un hijo es también del padre, que durante el embarazo tiene muchas tareas que desarrollar: Primero porque hay que tolerar, comprender y ayudar a la madre en todo el proceso que implica una serie de cambios y en ocasiones molestias, de emociones que a veces no comprendemos, de sentimientos nuevos y a veces, de sentirnos desplazados por la ilusión de la madre hacia el hijo que viene y que requiere de gran parte del tiempo y atenciones que antes eran para nosotros.
En el momento del parto, lo ideal es acompañar a la madre y presenciar todo el proceso, colaborar en lo que el médico permita y alentar en todo momento a la compañera, hasta el momento de recibir y tener la oportunidad de tener en los brazos al bebé, pequeñito, indefenso y con una gran necesidad de amor y cuidados.
Cuando nace el hijo o hija, afortunadamente ahora, cada vez más hombres encuentran en la paternidad una fuente de crecimiento, de placer, de compartir experiencias, alegrías y tristezas, de jugar y de encontrar en los hijos cómplices inocentes de travesuras deseadas, de compartir sus descubrimientos, su amor y su enorme sensibilidad.
Lo cierto es que ser padre, es la mejor experiencia que un hombre puede tener. Sin embargo es importante saber que desde ese momento todo va a cambiar:
- Los planes inmediatos y para el futuro.
- Las relaciones con la pareja.
- La forma de actuar y de comportarse en la sociedad.
- La forma de verse a sí mismo.
- La situación económica, ya que un bebé implica muchos gastos para que tenga lo necesario para vivir con calidad.
- La distribución del tiempo, ya que el bebé requerirá atenciones y la convivencia con los cuates o el tiempo personal será menor.
- Muchas de nuestras costumbres, hay que desvelarse para darle su alimento, cuidarlo si está enfermo, evitar el consumo de tabaco que afecta su ambiente, hay que jugar con ellos y enseñarles todo lo que los rodea. Hay que llevarlos a fiestas infantiles a cambio de las de los amigos, hay que integrarlos al resto de la familia, llevarlos y recogerlos de la escuela, vigilar su salud, estar pendientes de sus vacunas y mil y mil cosas más, por el resto de nuestras vidas.
Por tanto ser padre es:
- Ser responsable de nuestra sexualidad, del embarazo y de nuestra pareja.
- Es una decisión que todos podemos tomar cuando ejercemos nuestra sexualidad de forma responsable, se platica con la pareja, se conoce como evitar un embarazo cuando no se desee y se decide cuando se quiera tenerlo.
- Es responsabilidad de dar a los niños o niñas lo necesario para que crezcan y desarrollen habilidades para enfrentar la vida, fundamentalmente basadas en nuestro ejemplo.
- Es algo que provoca muchas emociones, unas gratas y otras confusas y temerosas, sobre todo cuando el embarazo no estaba en los planes inmediatos.
- Es una oportunidad para realizarnos como seres humanos y nos pone a prueba más que cualquier otra cosa que emprendamos en la vida, ya que nos permite expresar con mayor libertad nuestros sentimientos, ser más sensibles y disfrutar de la ternura.
- Es lograr que entre nosotros y nuestra pareja se establezcan acuerdos mutuos para compartir responsabilidades del embarazo, crianza y educación del hijo o de la hija, porque estas no son exclusivas de la mujer.