¿Quién no ha tenido miedo alguna vez durante la noche? Sobre todo durante la infancia cuando la fantasía juega un papel muy importante. Sin embargo muchos padres se preocupan, otros se enojan y otros hasta castigan a sus hijos cuando interrumpen su tan merecido descanso, pero ¿cómo actuar de la mejor manera?
Empecemos por entender que los terrores nocturnos son frecuentes entre los niños y niñas de 1 a 8 años, aunque a veces también afecta a los más grandes. Generalmente se presentan durante las primeras horas de sueño y suelen durar unos pocos minutos.
El miedo es una sensación natural y una reacción hacia lo desconocido y estudios realizados han demostrado que el niño afectado por el terror nocturno generalmente no es consciente de lo que le sucede y no se da cuenta de lo que pasa, aunque tenga los ojos abiertos, mire al vacío y a veces hable, pero después de la crisis, al día siguiente, generalmente no recuerde nada.
Las pesadillas aunque son fenómenos parecidos, presentan diferentes manifestaciones, ya que despiertan al niño o niña, que generalmente están aterrados y lloran hasta que alguien de su confianza, papá o mamá, logran tranquilizarlos.
Es importante comprender que todas las personas soñamos entre 4 y 5 veces cada noche, a veces los sueños son placenteros, otras muy raros, en algunas ocasiones son muy feos y pocos son realmente de los que nos acordamos o que son recurrentes.
Las pesadillas ocasionan más temor en los niños porque no distinguen entre fantasía y realidad y la mayoría se vinculan los angustias reales y vivencias, como enfermedades o pérdida de algún familiar, separación o problemas de los padres, temor de ir al colegio, traumas por violencia personal y hasta por el impacto de ciertas escenas vistas en espectáculos, caricaturas o películas.
Si los niños reciben un tratamiento adecuado, seguramente sus pesadillas y temores van a pasar pronto, por lo que es importante:
- Tranquilizarlos cuando se despierten, hablarles suavemente y no regañarlos. Si están despiertos hay que hacerles ver que tuvieron un mal sueño y pronto pasará, el sentarse con ellos un momentito los tranquilizara y les dará seguridad para poder dormirse.
- Ayudarlos para que se enfrenten y hablen de sus sueños, recordándoles lo que haya comentado y explicarles que muchos niños sueñan los mismo y que no pasa nada.
- En muchos casos “proporcionarles una figura ideal” buena, fuerte y de imagen agradable los ayudará a dormir, muchos hasta eligen un compañero como un muñeco, cobijita o almohada especial para sentirse mejor.
- Por ningún motivo se debe regañar, castigar u obligarlos a regresar a su cama con violencia, lo que ellos necesitan es seguridad y confianza.
- Se debe evitar que vean programas violentos o de miedo, sobre todo antes de acostarse y si ven alguno hay que platicar sobre lo que es mentira y lo que es real.
- Evitar pláticas de miedo, violencia o terror delante de ellos y en cambio es conveniente prepararlos para dormir, leyéndoles un cuento bonito, oyendo música suave y/o dejando una lamparita encendida en su habitación.
- Platicar con ellos sobre sus experiencias diarias, qué hizo, con quién platicó, qué le sucedió para identificar si tiene algún problema, si está siendo amenazado por alguien en la escuela, la casa u otro lugar.
- Explicarles que los miedos son normales, qué todos los tenemos y no por ello son inferiores o cobardes, pero que debemos aprender a superarlos.
- Si el niño desea irse a cama con sus padres, es mejor que uno de los padres se vaya con él un ratito a su cama, para que vea que no hay nada que temer, de esta forma aprenderá a respetar el espacio de sus padres, a apreciar el suyo y a identificar que no hay motivo para temer. - Evitar los castigos como “vete a dormir” o de encierro en su cuarto, clóset u otra habitación.
Sin embargo, hay situaciones que se salen de control y requieren de una visita al médico y esto es cuando:
- Durante las crisis de terror se produce rigidez, contracciones o sobresaltos.
- Si la crisis generalmente dura más de 30 minutos y no hay forma de calmarlo.
- Si el problema empeora y las pesadillas y terrores nocturnos no disminuyen.
- Si la angustia interfiere en las actividades cotidianas del niño y se presenta por diversos motivos también durante el día.