Chuparse los dedos sobre todo el pulgar es un acto que muchos niños y niñas realizan, a veces desde que estaban en el útero materno y que en ese momento les ayudaba a desarrollar el reflejo de la succión, tan necesario cuando nacen y empiezan a ser amamantados.
Pero, cuando nacen, esta costumbre o manía no es conveniente por los problemas que puede traer, por lo que hay que poner mayor atención.
El chuparse el dedo si bien tranquiliza mucho a los bebés, puede a la larga provocar alteraciones en la boca por la presión que ejerce el dedo sobre el paladar, que puede ser más alto de lo normal y por el empuje de los dientes superiores, lo que hace que broten con mayor prominencia de lo normal, lo que a su vez ocasiona que la boca no pueda cerrarse bien y que la forma de la carita se deteriore un poco al tener un perfil poco agradable.
Este problema se agudiza entre los 6 y los 9 meses, pero suele prolongarse durante toda la temporada del brote de los dientes, o sea hasta los 2 o 3 años de edad, causando además problemas de maloclusión, es decir alteración en las estructuras bucales que pueden afectar la forma y función de la mandíbula.
Sin embargo el problema puede ser mayor y no solamente relacionado con la estética de la cara, sino que puede desequilibrar los músculos faciales y afectar la funcionalidad y posición de los dientes, la lengua, el habla y de la respiración.
Pero tampoco hay que dejar de lado el problema emocional, ya que en muchos casos, el chuparse el dedo tiene que ver mucho con la tranquilidad, el miedo, la ansiedad o estrés que vive el niño o niña, más que con el placer y por lo mismo la forma de tratar este asunto debe ser muy cuidadosa.
Entre las recomendaciones para terminar con este hábito, sugerimos las siguientes:
- Proporciona a tu bebé o niño mucha seguridad y explícale siempre, aunque pienses que no entiende, por qué no debe chuparse su dedo.
- Proporciónale y estimúlalo con alguna actividad que lo distraiga y entretenga.
- Evita los regaños o el quitarle la mano de la boca a fuerza, porque se sentirá desprotegido y más presionado.
- Consulta con un odontopediatra infantil, para que revise el problema y te recomiende lo mejor.
- No le pongas en el dedo ninguna sustancia o alimento que pueda tener sabor desagradable, que pique o irrite, el niño puede perder aún más la seguridad y confianza.