Límites que respetar

 
 
 
por: Bertha Sola
Fuente: esmas.com
 

El bienestar mental y social de una persona depende mucho de los límites y de la disciplina que se desarrolló desde la infancia y que son la base del orden, seguridad, limpieza, convivencia y confianza, entre otros valores

 

Uno de los aspectos más importantes en la educación que se recibe en la infancia es la de los límites. La sola palabra con frecuencia nos produce molestia, y es que parecería que va en contra totalmente un gran valor que todos amamos y deseamos tener: la libertad. 

Pero lo que debemos entender es que el límite nada tiene que ver con la "limitación" que se podría entender como una carencia de..., sino con el desarrollo de conductas seguras, con la prevención y con la protección. 

Pero muchos de nosotros no sabemos poner límites, ni como padres, ni como educadores, ni como jefes, familiares o amigos o a las personas que nos dan algún servicio ni tampoco respetarlos. 

Lo importante es saber que para poner un límite, no se necesita de la violencia, agresividad, imposición o prepotencia, porque ponerlos así los debilita, de tal forma que se poco a poco van desapareciendo, ya que se ha comprobado que el miedo a alguien, por estos motivos se va termina, en cambio cuando se los límites se establecen con respeto e igualdad, se conservan y comprenden. 

Al establecer límites, se aprenden y desarrollan valores como el respeto, la confianza, la firmeza, el orden, la limpieza. En todas partes y el cualquier lugar están establecidos límites que se relacionan con la convivencia, la seguridad, la comunicación, la igualdad, el ejemplo. 

Para ello, se debe tomar en cuenta que:

  1. Los límites deben establecerse de acuerdo a la edad, el desarrollo individual y las capacidades de cada un@.
  2. No es bueno castigar para poner límites, es mejor platicar sobre las posibles consecuencias de los actos realizados. Por ejemplo: si sacas un juguete, lo vuelves a poner en su lugar... Si tiras algo, lo debes recoger... De esta forma se irán haciendo responsables por resolver el daño o molestia, o simplemente por conservar el orden.
  3. No se debe usar la fuerza física nunca, aunque muchos consideran que "una nalgada puesta a tiempo, es buena", los golpes hacen que se falte al respeto, y cuando éste se pierde, ya nada funciona. La violencia física, emocional o psicológica afecta la seguridad personal, fomenta el abuso por edad o fuerza y no ayuda a madurar y a desarrollar una adecuada autoestima.
  4. Tampoco es bueno castigar con la "ley del hielo", es decir dejar de hablar por haber cometido algún error, esto lo único que fomenta es el desamor y agranda las distancias entre personas. Por el contrario hablar a tiempo, con respeto y analizando las consecuencias hará que se comprenda el porqué del límite puesto, y quitarles el afecto o atención, complica la relación y no soluciona nada. Dejar de hablar a alguien por algo, es como un "berrinche" sin importar la edad y una actitud de no querer solucionar el problema. La comunicación es la mejor forma de solucionar conflictos e irlos resolviendo uno a uno.
  5. Solemos castigar a l@s niñ@s quitándoles oportunidades que permiten su desarrollo, como juegos, deportes o fiestas infantiles, y lo peor es que muchas de las veces solamente amenazamos y no podemos cumplir con esto, al poner un castigo debemos pensar en si seremos capaces de mantenerlo. Hay que establecer horarios que sean respetados por ambas partes ¿Realmente el error realizado es tan grave como para un castigo tan largo? Y ¿realmente tiene efectividad esto?
  6. Por ningún motivo se debe ridiculizar, humillar, burlar o poner castigos degradantes delante de los amigos, familiares o compañeros. Como dicen la "ropa sucia se lava en casa" y el respeto es algo que ni aún en los castigos se debe perder.
  7. No pongas reglas o límites según tu estado de ánimo, "hoy te dejo y mañana no", es algo que debe manejarse con mucho cuidado y con justificación y no porque lo digo yo, o porque quiero. Tampoco es bueno que a unos sí se les deje y a otros no, si no hay justificación adecuada. Marcar una diferencia entre hermanos, alumnos o hijos, dejará marcada la relación futura entre ellos mismos y el resentimiento será mayor hacia los que hacen la diferencia.
  8.  No impongas los límites bajo amenaza, con malas palabras o con prepotencia, es decir utilizando el nivel de autoridad que tienes ante la persona, para presionar a que se haga lo que tú quieres. Un límite no debe establecerse por capricho personal.
  9. La congruencia entre lo que se dice y pide que se haga es muy importante. No puedes exigir a nadie que "deje de fumar, si tu fumas" o que "no tire basura, o diga malas palabras, si tú lo haces". Se enseña más con el ejemplo que con palabras.
  10. No les enseñes a mentir, "las mentiritas blancas o piadosas" no existen y desafortunadamente los adultos hacemos esto con mucha frecuencia, justificando que somos adultos, como si por serlo tuviéramos ya el derecho de mentir: "dile que no estoy", "yo ya comí verduras", "cómete esto en el súper y esconde el envase".
  11. Hay que ser firmes en lo que decimos y hacemos, la firmeza es mandar a tu hij@ el mensaje inequívoco, de que el límite no se mueve.
  12. Los límites no deben favorecer el miedo y la culpa, sino la responsabilidad de las consecuencias de los actos personales. 

No debemos olvidar que los límites a veces se pierden ante diversas situaciones como pueden ser: la separación de los padres, la muerte de alguno de ellos, el cambio de residencia, de escuela o de país, y se deben adoptar nuevos, dependiendo del entorno o de quienes se hagan cargo de l@s niñ@s. Si bien los límites deben ser universales y basarse en los derechos humanos, a veces se pueden manejar con cierta flexibilidad.

Lo ideal sería que se conservaran para dar seguridad, estructura y rigor interno, pero sabemos que esto no es siempre así. En todo caso, la congruencia, el respeto y la justificación de los cambios deben tomar en cuenta el estado emocional y de desarrollo infantil. 

La duda sobre cómo poner y a qué poner límites, es el reto mayor de los padres, maestros y otras personas que ejercen autoridad. Quizá se puedan contestar a estas preguntas para lograrlo: ¿Cómo ayuda determinado límite al desarrollo, bienestar y seguridad de mi hij@? La consecuencia de que no respete el límite ¿a qué puede llevarl@?

Elige convivir bien. Los límites y la disciplina ayudan a desarrollar valores que se deben aplicar por todas las personas y en todos los lugares. 

 
 
 
Los límites establecidos ayudan a desarrollar valores.
Los límites establecidos ayudan a desarrollar valores.
Foto: EFE
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