Si bien es muy frecuente que en el espacio laboral se desarrollen y den relaciones de tipo afectivo, sexual y emocional, que dicho de paso no son fáciles por las implicaciones que conllevan en todos los ámbitos de la vida, no son pocas las mujeres que viven bajo una presión que no solamente es violadora de sus derechos laborales, sino que también lo es de sus derechos como seres humanos.
Y es que en muchos sitios en donde se debieran encontrar elementos que ayudan a desarrollo personal, social, profesional y económico, desafortunadamente el hostigamiento sexual por parte de jefes, compañeros y hasta subordinados, es una arma que se utiliza para obtener favores sexuales a cambio de un puesto, sueldo o simplemente de conservar u obtener un trabajo y si bien este problema arremete contra ambos sexos, siempre ha sido predominante hacia el género femenino.
El acoso sexual en el trabajo, es algo tan viejo como el hombre y la mujer, pero no deja de ser denigrante en cualquier forma y lugar. Sus raíces son complejas y tienen que ver fundamentalmente con las diferencias que siempre han marcado al hombre respecto de la mujer y que consideran al primero como el elemento activo y asediador de lo que las mujeres generalmente “defienden” o protegen que es su intimidad y pudor.
Se considera acoso sexual en el trabajo a toda conducta sexual, desarrollada en el ámbito de la organización y dirección de una empresa o como consecuencia de una relación de trabajo, realizada por un sujeto, que sabe o debe saber que es ofensiva, presionante y no deseada por la víctima, determinando una situación que afecta al empleo y a las condiciones de trabajo y/o creando un entorno laboral ofensivo, hostil, intimidatorio o humillante”.
El comportamiento del acosador es complejo y no muy claro a veces, ya que se manifiesta de diversas formas: proposiciones fuera de todo contexto, chistes, bromas, aproximaciones físicas fugaces pero calculadas, “decoraciones” del lugar de trabajo y casi siempre este tipo de conductas se suelen presentar como un comportamiento amistoso, pero la diferencia es clara: mientras la amistad entre compañeros de trabajo es deseada y llevada por lo general fuera del ámbito laboral, el acoso sexual es indeseado y ocasiona muchos problemas.
Sin embargo el comportamiento de la acosada también es complejo, dado que la mujer puede aparentar o “dar a entender” que esta coqueteando al solamente ser amable, llegar bien arreglada y sonreír o tener detalles con los compañeros.
En esta situación en la que el hombre duda entre exteriorizar o no lo que siempre, la mujer no sabe hasta qué punto es anormal e intolerable la “atención” del acosador y se llena de tensión, sufre, impotencia, humillación y mucho miedo a perder al trabajo, a someterse a la crítica y a ser juzgada por los compañeros, hijos y hasta por su esposo si lo tiene.
Se considera acoso sexual en el trabajo a todas las proposiciones, requerimientos o favores sexuales no deseados, así como a las conductas físicas o verbales de carácter sexual que se utilizan para:
- Otorgar un empleo, ascenso o simplemente para conservarlo.
- Cuando la aceptación o rechazo de las ideas, proyectos y/o actividades laborales, dependan de los favores sexuales otorgados.
- Cuando las conductas hostigantes interfieran en el rendimiento del trabajo de la persona a quien van dirigidas, creándole un entorno laboral hostil, ofensivo o intimidatorio.” - Cuando la actuación física, verbal o gestual sea indeseada y ofensiva para la persona afectada.
- Cuando se utilice el chantaje y acoso sentimental en la toma de decisiones laborales o en la asignación de tareas.
El hostigamiento sexual en el trabajo, principalmente va dirigido a aquellas mujeres que o no tienen mucha experiencia en el manejo de situaciones como estas, como son las que empiezan a trabajar o que tienen mucha necesidad de mantener su empleo como son las madres solteras, viudas, separadas, divorciadas o mujeres que ingresan en sectores tradicionalmente masculinos, en los que el número de mujeres es minoritario.
La denuncia de estas situaciones no es nada fácil, ya que al hacerlo van a hacer patente la situación y los obstáculos pueden ser muchos y muy delicados ya que está implícito el: pudor, el miedo al qué dirán, la reputación, el miedo a las represalias, el no querer crear un mal clima de trabajo, el que no le crean y que se le considere culpable y el sentimiento de impotencia hacia no poder actuar, defenderse o tomar otra decisión respecto al trabajo.
Todo esto daña mucho la salud mental y física y deteriora la imagen y autoestima. La ansiedad y la angustia generada por la vivencia del acoso no sólo deterioran la calidad de vida, sino también porque nublan el horizonte existencial e impiden tomar las decisiones correspondientes por las vías sindicales, laborales o penales que habrían de llevar a la solución efectiva del problema antes de que éste también deteriore el ambiente familiar y social.
Afortunadamente, ahora hay muchas instituciones que orientan y protegen los derechos de las mujeres en cualquier situación y que luchan incansablemente por prevenir y combatir la violencia en cualquiera de sus tipos.
En México, está el Instituto Nacional de las Mujeres, que trabaja para crear y desarrollar una cultura de igualdad y equidad libre de violencia y discriminación, capaz de propiciar el desarrollo integral de todas las mujeres mexicanas y permitir a hombres y mujeres ejercer plenamente todos sus derechos.
Uno de sus grandes programas es el de PROEQUIDAD, presentado el 16 de noviembre de 2001 y que contempla 9 objetivos fundamentales:
1. Incorporar la perspectiva de género como eje conductor de los planes, programas, proyectos y mecanismos de trabajo en la administración pública federal.
2. Impulsar un marco jurídico nacional eficiente y acorde con los compromisos internacionales en materia de derechos para las mujeres y las niñas, a través del cual se promoverá y garantizará el pleno disfrute de estas normas fundamentales de las mujeres y la niñez.
3. Fomentar la igualdad de oportunidades económicas entre hombres y mujeres a través de la promoción de medidas programáticas de carácter afirmativo desde una perspectiva de género.
4. Promover el desarrollo de procesos y políticas públicas sensibles a las diferencias entre hombres y mujeres que condicionan la pobreza.
5. Fomentar en todos los espacios de nuestra sociedad una educación para la vida que promueva el aprecio por la diversidad, la tolerancia y el respeto a las diferencias de género de las personas, así como garantizar, con igualdad y equidad, en todos los niveles, tipos y modalidades educativas, atención específica a las niñas y las mujeres, para lograr ampliar su participación y desempeño en todos los campos de la actividad humana, con un sentido de justicia, al margen de prejuicios y discriminaciones.
6. Eliminar las desigualdades que impiden a las mujeres alcanzar una salud integral.
7. Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres.
8. Garantizar a las mujeres el acceso y la plena participación en las estructuras de poder y la toma de decisiones, en igualdad de condiciones que los hombres.
9. Fomentar una imagen de las mujeres equilibrada, respetuosa de las diferencias y sin estereotipos en los ámbitos culturales, deportivos y en los medios de comunicación.