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Me da mucho gusto volver a comunicarme con ustedes mediante esta vía tan hermosa como es el Internet.
Cuando fui contratada para escribir esta columna, se me sugirió que hubiera una sección donde hablara de los nuevos valores dentro de mi deporte, es decir, quiénes de las chicas vienen empujando fuerte y podrían dar el salto a las competencias internacionales.
Debo decirles, primero que nada, que la mentalidad en las mujeres mexicanas es importante y con capacidad de llegar hasta donde se lo propongan, sin embargo enfrentan muchos problemas que son los que están deteniendo su desarrollo profesional, como sería la discriminación en eventos deportivos; hoy todavía existen muchas competencias donde la premiación, por poner sólo un ejemplo, sigue siendo inferior al de los hombres, ¿por qué, si hacemos el mismo, o más, esfuerzo?
Por años, la mujer mexicana ha sido marginada en el deporte y las atletas que han destacado lo han hecho porque poseen grandes cualidades naturales para realizar su deporte, como Mari Tere Ramírez y la misma Soraya Jiménez.
No crean que en el atletismo se viven momentos halagadores sólo porque dos atletas, Ana Gabriela Guevara y su servidora, estamos destacando, no es verdad, falta mucho por hacer.
Sin embargo, en el fondo existen diversos factores que pueden contribuir para que se adquiera un mejor nivel, veamos por qué. Hay un grupo de atletas de edad entre los 20 y 25 años, que tienen muchas ganas y también poseen hambre de triunfo y hambre de comer y llevar el pan a la casa, que es lo más duro y es motivo para la superación en muchos atletas, sobre todo mexicanos.
Ese esfuerzo es de admirarse aún más porque son atletas que también son madres de familia, imagínense esa gran responsabilidad de atender a una familia, un esposo, hijos y además prepararse mañana y tarde en sus entrenamientos, ¿eso no es digno de halago?.
Estoy hablando de Dulce María Rodríguez, quien participó en los Juegos Olímpicos, Sara Cedillo, quien es entrenada por Carlos Martínez, y América Mateos, quien se está dedicando a correr competencias locales y que está superando poco a poco a las kenianas, quienes hasta entonces se estaban llevando todas las bolsas de los eventos deportivos.
Dulce María Rodríguez tiene apenas 24 años de edad y es madre de dos hijos. Ella tiene las suficientes cualidades, incluida la mental, para triunfar, sólo es cuestión de darle un empujón para que pueda dar el gran salto, pero considero que el día de mañana podría lograr un buen resultado en maratones internacionales e incluso, si se le cuida bien, podría llegar a ganar alguna medalla olímpica.
Sara Cedillo es una niña de escasos 21 años, pero ya es madre desde los 16, sin embargo en los último años se ha disciplinado y ha logrado, mediante el trabajo serio, superar algunas de sus marcas personales. El año pasado estuvo cerca de los primeros lugares en todas las competencias donde participó y se vio bien. Tiene el cuerpo ideal de la fondista, no es muy "chaparrita" pero tampoco es alta y creo, por lo que he hablado con ella, tiene la mentalidad para buscar horizonte más importantes y no limitarse a competencias locales, porque ése es el secreto, entrenarse aquí en México, pero competir en el extranjero con el objetivo de ir adquiriendo un nivel
más alto.
Podría incluir en esta lista a Madaí Pérez, quien en su época juvenil sorprendió con marcas excelentes para su edad, sin embargo ha tenido algunas distracciones en cuento a su grupo de apoyo técnico, porque ha estado con varios entrenadores y en ese inter su nivel ha bajado considerablemente y perdió todo lo que había ganado como juvenil.
Pienso que sólo es cuestión de que encuentre nuevamente la disciplina y el entrenador ideal para retomar el camino del éxito.
Para concluir, debo señalar que si las nuevas autoridades de deporte mexicano fueran inteligentes, ya estarían haciendo un estudio técnico de cuáles son las atletas que vienen atrás para moldearlas y esperar buenos resultados de ellas en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
Hasta la vista amigos y que se la sigan pasando muy bien.
Chao, chao.
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