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Historia de la caminata o marcha
atlética
La palabra marcha define una de las
actividades humanas más primitivas: el movimiento o desplazamiento
a pie. Pero en la marcha atlética los competidores están
sometidos inevitablemente al impulso de correr, especialmente cuando
las distancias que se deben recorrer son cortas. Para prevenir esta
tentación, el reglamento indica que la marcha es: "La
progresión de pasos dados de tal manera que nunca se pierda
el contacto con el suelo. Al dar cada paso, el pie que avanza debe
estar en contacto con el suelo antes de que el pie de atrás
se levante de éste".
También se establece que la
pierna de apoyo debe estar extendida es decir, no curvada
o doblada por la rodilla- al menos durante un momento cuando está
en posición vertical. Pues bien, la historia del deporte
nos dice que la frontera entre andar y correr es, en mejor de los
casos, mínima.
Esto explica por qué la marcha,
junto con un gran número de adeptos y defensores, ha tenido
por otra parte un gran número de detractores, gente que dice:
"sólo un atleta que no ha tenido grandes resultados
como corredor puede encontrar consuelo en la marcha". Pero
unos y otros coinciden al menos en un punto: la marcha atlética
adquiere toda su nobleza de las pruebas de fondo.
Las pruebas de marcha aparecieron
por primera vez en el programa olímpico de los Juegos, no
reconocidos, de Atenas en 1906. El debut se caracterizó por
marcadas diferencias de opinión acerca de los diversos estilos
de cómo marchar. En aquella ocasión se disputaron
las pruebas de 1,500 y 3,000 metros, en días consecutivos.
La primera, obviamente demasiado corta y por lo tanto expuesta a
un examen de marcha correcta, dio lugar a una acerba controversia
cuando los dos primeros lugares, el británico Richard Wilkinson
y el austriaco Eugen Spiegler, fueron descalificados y el tercero,
el estadounidense George Bonhag, estuvo cerca de correr la misma
suerte; dos de los cuatro jueces no estuvieron de acuerdo con su
estilo, pero el príncipe Jorge de Grecia, presidente del
jurado, dio el voto decisivo a favor de Banhag.
La prueba de los 3,000 metros fue
ganada por el húngaro György Sztantics. También
en este caso, Wilkinson y Spiegler habían terminado en primero
y segundo lugar, respectivamente, pero fueron descalificados exactamente
igual que en los 1,500 que disputaron un día antes.
En los Juegos Olímpicos de
Londres 1908, la Gran Bretaña contó con un extraordinario
doble campeón, Goerge Larnner, un policía de Birbthon
de 33 años de edad, quien se impuso a todos sus rivales en
los 3,500 metros y 10 millas. El campeón olímpico
era por fin un atleta de brillante trayectoria y poseedor de récords
en varias distancias.
En los Juegos Olímpicos de
Estocolmo 1912 sólo se disputó una prueba de marcha,
la de 10,000 metros. Los severos y atentos jueces sólo permitieron
que cuatro participantes terminaran la prueba. El vencedor fue el
canadiense James Goulding, con 46:28.4, seguido por el británico
Ernest Webb y el italiano Fernando Altimani, de 19 años de
edad, quien se aficionó a la marcha en sus horas libres que
tenía al concluir la jornada laboral en una imprenta. En
1913, en Milán, recorrió 13,403 metros en una hora
tras registrar 44:34.2 al pasar por los 10,000 metros, pero estas
marcas no fueron homologadas como récords del mundo debido
a que no había el número suficiente de cronometradores.
Una herida que sufrió en la I Guerra Mundial le impidió
participar en los Juegos de Amberes 1920, para entonces Italia ya
contaba con una nueva figura, Ugo Frigerio, quien nació en
Milán el 16 de septiembre de 1001. Frigerio hizo una sensacional
presentación al arrasar en las dos pruebas que se llevaron
a cabo, los 10,000 metros con tiempo de 48:06.1 y los 3,000, que
ganó en 13:14.1.
El mejor registro en los 20,000 metros,
vigente a partir de 1920, estaba en poder del danés Niels
Pedersen. La celebración de las competencias de marcha fueron
realmente difíciles en el periodo de 1921-1940, a causa de
la diversidad en los estilos de la marcha. Para terminar con la
controversia, se decidió llevar a cabo el mínimo de
las pruebas olímpicas entre 1924 y 1936 y sólo hubo
tres competencias.
En los Juegos de París 1924,
la única prueba de marcha que se incluyó en el programa
fue la de los 10 kilómetros, en la que el italiano Ugo Frigerio
repitió su triunfo de Amberes en 47:49.0, aventajando al
británico Gordon Goodwin con 200 metros. Frigerio fue conocido
en su época de apogeo por su impecable estilo y por ser un
"hombre lleno de color", a los comentaristas italianos
les parecía más importante esta última cualidad
que la segunda. En 1925 fue invitado a viajar a los Estados Unidos,
en cuyo circuito de pista cubierta compartió como la figura
estelar al lado del gran corredor finlandés Paavo Nurmi y
no defraudó al establecer varios récords de marcha,
entre ellos las marcas de 44:38 en los 10 kilómetros y 43:09.4
en las 6 millas, dentro de la misma competencia.
Frigerio pudo haber incrementado
su colección de medallas olímpicas si la Federación
Internacional de Atletismo no hubiera decidido llevar a cabo las
pruebas de marcha en los Juegos de Ámsterdam 1928. Por suerte
esta determinación fue levantada cuatro años después.
La única prueba de marcha
que se disputó en Los Ángeles 1932 fue la de 50 kilómetros.
Frigerio, de 31 años, reapareció y se enfrentó
a una nueva generación de marchistas, lamentablemente la
prueba se efectuó en una distancia con la que no estaba familiarizado.
Estuvo como líder de la prueba un tiempo junto al letón
Janis Dalins y el británico Tommy Green, quien resintió
los efectos del calor y cuando ya habían recorrido cerca
de tres cuartas partes de la prueba se rezagó aproximadamente
un minuto. Después de refrescarse con agua, recuperó
la distancia perdida y empezó a distanciarse de los punteros
y terminó en el primer lugar con un amplio margen en 4h 50:10
sobre Dalins, quien concluyó en 4h 57:20, mientras que Frigerio
en 4h 59:06, tras lo cual se desplomó en la llegada, pero
con la cuarta medalla olímpica en su poder.
Un representante de la Gran Bretaña fue quien resulto vencedor
de la prueba de los 50 kilómetros en Berlín 1936,
en esa ocasión Harold Whitlock se impuso con tiempo de 4h
30:32. Al igual que Green cuatro años antes en Los Angeles,
Whitlock pasó un mal rato y logró recuperarse para
alzarse con la victoria, tras superar sin problemas al suizo Arthur
Tell Schwab, de 40 años, quien paró los cronómetros
en 4h 32:10. En esta prueba que se desarrolla sobre una distancia
tan larga pueden ocurrir mucha cosas, por lo que se necesita contar
una gran fortaleza mental que le permita al andarín completarla.
Whitlock había adquirido renombre
internacional en 1935, al convertirse en el primer marchista en
cubrir el trayecto entre Londres y Birghton, en menos de 8 horas.
En 1938, con 35 años, venció en los 50 kilómetros
del campeonato europeo que se celebró en París. El
letón Ddalins consiguió ganar en los 50 kilómetros
del campeonato de Europa que tuvieron como sede a Turín en
1934 y fue el plusmarquista mundial de los 20,000 metros, con 1h
34:26.0 en 1933.
Paralelamente al apogeo que tuvo
Suecia, las carreras de medio fondo también gozaron en la
década de 1940 de un periodo brillante en las pruebas de
marcha, principalmente por los logros de sus tres máximos
exponentes: John Mikaelsson, John Ljunggren y Wernwe Hardmo, quien
fue el más sobresaliente porque llegó a tener en poder
un total de 22 récords mundiales, pero desafortunadamente
no pudo brillar con la misma intensidad en las competencias de trascendencia.
En el campeonato de Europa de 1946,
que se celebró en Oslo, descalificaron a Hardmo en la prueba
de los 10 kilómetros y en los juegos Olímpicos de
Londres 1948 sufrió igual suerte. La trayectoria de sus compatriotas
Mikaelsson y Ljunggren fue más consistente. Mikaelsson se
proclamó campeón europeo de los 10 kilómetros
en Oslo con casi un minuto de ventaja sobre el suizo Fritz Schwab,
hijo de Arthur Tell Schwab, el marchista que había ganado
la medalla de plata en la prueba de los 50 kilómetros de
los Juegos de Berlín 1936. Mikaelsson repitió su victoria,
sobre esta misma distancia, en los Juegos de Londres 1948 y en Helsinki
1952, donde impuso el récord de 45:02.8.
El persistente Fritz Schwab alcanzó
su día de gloria en el campeonato del "viejo continente"
de 1950, que se efectúo en Bruselas, donde Mikaelsson se
tuvo que conformar con el tercer sitio. Este extraordinario marchista
sueco estableció catorce récords mundiales, además
de varios registros que no fueron validados por la IAAF, como el
de 1h 32:28.4 en los 20 kilómetros que consiguió en
Växjo en 1942.
Por su parte, Ljuunggren es un ejemplo
de la durabilidad de un deportista, destacó en los 50 kilómetros,
una prueba en la que se mantuvo entre los mejores por muchos años.
En los campeonatos de Europa su historial es extraordinario; primero
en 1946, segundo en 1950, cuarto en 1954, noveno en 1958 y quinto
en 1962, ¡a los 43 años!.
En los Juegos Olímpicos conquistó
la medalla de oro en 1948 con registro de 4h 41:52, aventajando
al segundo clasificado por más de 6 minutos. En Helsinki
1952 bajó hasta el noveno lugar, para ascender posteriormente
al tercero de Melbourne 1956 y al segundo en Roma 1960, esta vez
en un apretado cierre sobre la línea de meta con el que resultó
triunfador el británico Don Thompson, 4h 25:30.0. Ljunggren
finalizó su brillante trayectoria deportiva en los Juegos
de Tokio 1964 con un modesto decimosexto lugar, pero con una marca
con la que mejoraba por casi 13 minutos la que le valió para
conquistar la medalla de oro en Londres 1948. Otro récord
mundial que estableció este marchista fue el de 4h 29:58.0
en los 50 kilómetros de Fristad en 1953.
Al finalizar la época dorada
de la caminata sueca, que quedó señalada a los comienzos
de 1950, ya habían surgido otras potencias en las pruebas
de marcha entre las que destacaba la Unión Soviética,
así como el resurgimiento de la Gran Bretaña e Italia.
El primer andarín soviético que se impuso en una competencia
internacional fue Vladimir Ujov, primero en los 50 kilómetros
con tiempo de 4h22:11.2 en el campeonato de Europa que se llevó
a cabo en Berna, en 1954.
En los Juegos Olímpicos de
Melbourne 1956, otro soviético, Leonid Spirin, venció
en la prueba de los 20 kilómetros, que a partir de entonces
sustituyó a la de 10 kilómetros, mucho más
problemática desde el punto de vista de las infracciones
que se presentaban. Los andarines de la URSS continuaron su cadena
de victorias con Yevgeni Maskinskov, primero en los 50 kilómetros
de los campeonatos europeos de 1958, con un registro de 4h 17:15.4.
Pero el máximo representante
de la escuela soviética de aquellos años fue Vladimir
Golubnichi. El estilo de este andarín se caracterizó
por su andar desgarbado y la resistencia, que lo llevaron a romper
el primero de muchos récords cuando apenas contaba con 19
años de edad, en los 20 kilómetros que disputó
en Kiev, al negociar la distancia en 1h 30:02.8. Entre 1955 y 1974
llegó a tener siete competencias de alto nivel, consideradas
las de Juegos Olímpicos y Campeonatos de Europea, en las
que subió al podio en todas y cada una. Pero su más
importante resultado fue con el que se dio a conocer en los Juegos
de Roma 1960, donde ganó los 20 kilómetros con
1h 34:07.2.

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