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Los juegos olímpicos de Seúl en 1988 marcaban una nueva esperanza con buen augurio para la marcha mexicana, ya que después del éxito obtenido en los Juegos Olímpicos pasados, en los Angeles 84, con dos medallas de oro y una de plata, ganadas por los mejores marchistas del mundo en aquella época, Raúl González y Ernesto Canto.
En la prueba de los 20 kilómetros, se contaba con Ernesto Canto y Carlos Mercenario como dos mexicanos dentro de los favoritos para dominar la prueba. Mercenario había conquistado la Copa Mundial de la especialidad celebrada en la cuidad de la gran manzana, Nueva York. Carlos, para poder ganar, este evento tuvo que invertir el mejor tiempo de su vida dentro de la prueba de los 20 kilómetros, 1:19:25 hrs. Con este tiempo él ya se había ganado el respeto de todos los marchistas de aquella edición olímpica.
La prueba de los 20 kilómetros se caracteriza por ser una competencia donde se empieza rápido y se termina caminando súper rápido la mayoría de las veces, en Seúl no fue la excepción, ya que se empezó a un muy buen ritmo para terminar la competencia a una velocidad por debajo de cuatro minutos por kilómetro.
En esta competencia se hicieron presentes nuestros titanes mexicanos de la marcha, en la punta o en el grupo líder se encontraban Ernesto y Carlos, pero ahí estaban también los grandes rivales de los nuestros los europeos, los soviéticos, los españoles, los checoslovacos , los italianos comandados por Mauricio Damilano, los alemanes, los franceses y otros más de gran respeto. Durante la competencia el único mexicano que se mantuvo y estuvo luchando hasta el ultimo momento que lo dejaron caminar fue Ernesto Canto, él siempre estuvo ahí en la pelea, recuerdo esta competencia como si apenas hubiera sido, vi como Ernesto nunca se dejó intimidar por los jueces y mucho menos por los rivales, él iba muy concentrado en lo suyo, iba entero peleando las medallas con un checoslovaco llamado Josef Pribilinec y un alemán, ahora gran amigo, mío que se llama Ronald Baigel ganador, si no mal recuerdo, de tres medallas olímpicas, dos de ellas en estos juegos de Seúl 88, plata en 20 y 50 kms. Pero volviendo a lo nuestro, Ernesto siempre estuvo como líder luchando, compitiendo como él lo sabía hacer, pero para su desgracia y para desgracia de la delegación mexicana, vino lo inevitable, lo que más duele a la altura de los de los últimos kilómetros y más cuando sabes que vas en pos de una medalla, la descalificación, en esa ocasión el juez árbitro puso la paleta roja de descalificación a nuestra única esperanza mexicana en la caminata, faltaban alrededor de 3 kilómetros para el final de la prueba, Ernesto, de no ser descalificado, fácilmente ganaba una medalla, recordemos que él era el campeón olímpico defensor, sólo Dios sabe, pero igual y hubiera repetido lo de 4 años atrás.
Este momento a mí se me quedó muy grabado por que vi como un atleta mexicano lloraba de coraje, tristeza e impotencia y yo, la verdad, me sentía muy enojado con el juez, hasta recuerdo como mucha gente maldecía a estos jueces por lo que habían hecho con nuestro compatriota, el mejor colocado en esta edición fue Carlos Mercenario, él quedó en un nada despreciable séptimo lugar, además de que hizo un buen tiempo.
Esta competencia olímpica ha sido la más rápida de todas, ya que se ganó con un tiempo de 1:19:58 y el vencedor fue el checoslovaco Josef Pribilinec, en segundo el alemán Ronald Baigel, este tiempo es la marca olímpica, y yo pienso que ahora en Sidney existe la posibilidad de que se imponga nueva marca, ya que las condiciones se van a prestar para hacer una competencia rápida.
Desafortunadamente, la marcha mexicana regresó sin ninguna medalla de Seúl, pero lo que nunca se ha perdido han sido las ganas de toda esa gente que estuvo y que ahora estamos en esta hermosa disciplina que ha dado tanto al deporte mexicano.
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