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¡Un auto! para los medallistas olímpicos
TOLUCA, México,
(EsMas.com) .- Cinco de los seis medallistas olímpicos mexicanos en Sidney son el "orgullo mexiquense" y por ello, el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, premió su esfuerzo y entrega en los Juegos Olímpicos de Sidney.
Soraya Jiménez Mendívil, avecindada en Naucalpan; Noé Hernández Valentín, de Chimalhuacán; Fernando Platas Álvarez, de Tlalnepantla; Joel Sánchez Guerrero, vecino de Coacalco; y Víctor Manuel Estrada Garibay, de Naucalpan; fueron de los pocos, entre miles de atletas, que lograron subir al podium olímpico.
Su excelente actuación en la máxima justa deportiva les ha valido a los atletas un sinnúmero de reconocimientos y este día tocó el turno al Estado de México, cuyo gobernador había prometido un carro último modelo al mexiquense que resultara medallista olímpico en Sidney.
La sorpresa fue que no fueron uno o dos medallistas mexiquenses, sino cinco, y como la prometido es deuda, la máxima autoridad en el Estado de México premió a cada uno de los atletas que se hicieron acreedores a dicha gratificación.
La plaza cívica de "Los Mártires", en el centro de Toluca, fue escenario de la ceremonia donde se hizo entrega de los vehículos a los atletas y donde también se dio un reconocimiento a todos los mexiquenses que integraron la delegación olímpica mexicana, como Guadalupe Sánchez, de caminata, Benjamín Paredes, de maratón, Belem Guerrero, de ciclismo, Juan José Veloz, de natación, y Mary José Alcalá, de clavados, entre otros, porque en total fueron 28 los atletas de esa entidad los que formaron parte del representativo nacional en Sidney.
A las 12:30 horas, con media hora de retraso respecto a lo señalado y bajo un sol abrasador, inició el homenaje donde la ganadora de la primera medalla de oro para una mexicana, Soraya Jiménez, dijo que "fuimos como se los prometimos, protagonistas de las grandes batallas que no fueron fáciles, en todo momento dejamos en claro que somos guerreros, los mexiquenses dimos en cada competencia nuestro mejor esfuerzo", mencionó la campeona olímpica en los 58 kilogramos.
Soraya agregó que el esfuerzo de algunos fructificó con una medalla que "es una distinción para los 13 millones de habitantes en el Estado de México y que ojalá sirva de estímulo para las nuevas generaciones de atletas mexicanos y mexiquenses".
Asimismo, la campeona en halterofilia aclaró: "Este día, más que venir a recibir un premio, estamos aquí para agradecer la confianza de nuestro Estado, que se nos ha brindado durante el ciclo olímpico, no de ahora, sino en todo momento".
Atentos escuchaban cientos de niñas y niños de primaria y secundaria, que veían con admiración a todos los atletas y a los invitados de honor, entre quienes se encontraban medallistas olímpicos de otras épocas como Joaquín Capilla, Carlos Mercenario y Daniel Aceves, entre otros.
Incluso, una de esas niñas mexiquenses de secundaria compuso una canción inspirada en los medallista de Sidney: "Gracias a ustedes vemos que realmente lo que queremos hacer, debemos hacerlo, pero siempre esforzándonos", mencionó la joven.
Para finalizar el evento y después de varios vivas y aplausos, tomó la palabra el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel, quien enfatizó: "... ojalá que en cada competencia internacional, los deportistas mexiquenses de Naucalpan o Chimalhuacán, de Tlanepantla o de Coacalco, de Zinacantepec o de cualquier rumbo del Estado, ganen medalla y compitan pensando que por delante está el nombre de México. Muchas gracias por su trabajo".
Acto seguido les entregó las llaves de su automóvil, cuya marca variaba dependiendo el color de la medalla que ganaron en la justa olímpica.
Quien también alcanzó auto sin ser medallista fue Bernardo Segura, el atleta consentido de San Mateo Atenco, de quien dijo el gobernador: "Todos los mexiquenses lo vimos cruzar la meta en primer lugar".
Aunque dio muestra de no estar muy enterado del asunto, ya que señaló que Bernardo Segura compitió en los 10 mil metros y no en los 20 kilómetros caminata –que es su especialidad– y que nada tiene que ver una con la otra.
Al término del reconocimiento, el gobernador bajó del templete y, custodiado por su cuerpo de seguridad, se escabulló del lugar sin dar oportunidad alguna de cuestionarle. Arriba, se quedaron los atletas mexiquenses, quienes no tuvieron la oportunidad de bajarse, ya que enseguida fueron rodeados por cientos de jóvenes ávidos de un autógrafo o la fotografía de su atleta favorito y les impidieron moverse, por lo que los medallistas quedaron acorralados, en cuestión de segundos, por su afición.
"Pagan el precio de la fama", diría un espectador que prefirió ver el espectáculo a distancia, por temor a ser arrollado por la multitud.
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