Una esperanza menos para México
Por: Rosaura LoyolaEnviada Especial Los minutos se convirtieron en horas para el púgil mexicano César Morales, que aunque se esforzaba, no podía detener la ráfaga de golpes del rumano George Crino.
Sidney, Australia
21 de septiembre del 2000
(EsMas.com).-
Los minutos se convirtieron en horas para el púgil mexicano César Morales, que aunque se esforzaba, no podía detener la ráfaga de golpes del rumano George Crino. Los gritos de “México, México, tú puedes”, alentaban al boxeador azteca.
Morales, quien a pesar de estar abajo en las puntuaciones, nunca se intimidó ante esa difícil situación que vivía sobre el encordado australiano.
Poco después de haber iniciado el cuarto asalto, las ‘porras’ de apoyo a Morales dejaron de escucharse cuando el boxeador, quien milita en los 54 Kgs., se desmoronaba ante el recio boxeador rumano.
Una herida, quizá la menos importante, denotaba Morales en el pómulo derecho, la herida principal quedó en su espíritu de lucha que no fue suficiente para salir con la mano en alto de la dura batalla.
Morales, quien caminaba lento hacia los vestidores del Centro de Exhibiciones, dijo: “Reconozco que él (George Crino) fue superior a mí, me sorprendió en el segundo round;
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Dos mexicanos fuera. Foto EFE
aunque apreté en los dos últimos, no me alcanzó”.
Sin embargo, la resignación del boxeador mexiquense resaltó cuando en su faz se plasmaba el orgullo de haber entregado todo, aceptando dignamente la derrota.
Alguien que ha confiado y está orgulloso de lo hecho hasta el momento sobre el entarimado olímpico es el entrenador nacional, Vicente “Borrego” Torres: “La garra y la entrega de los muchachos está presente”, dijo el responsable del representativo.
La pregunta obligada de los medios especializados no se dejó esperar para Morales. ¿Su carrera seguirá como amateur o profesional? Ni sí ni no, fue la respuesta del púgil. Lo cierto es que tendrá que decidir pronto y no perder tiempo.
Se fue una esperanza más para México de obtener una ansiada medalla en el deporte de los puños. Pero no se le puede juzgar a un elemento que se brindó en el ring, y que en su paso hacia el vestuario siempre miraba hacia el frente, no había razón para bajar la cara.
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