¿Injusticia, trampa o justa descalificación?

Muchas preguntas sin respuesta, pero Bernardo Segura es el único que sabe la verdad.

Por: Ricardo Salazar/EsMas.com


México, D.F.
25 de septiembre del 2000
(EsMas.com).- Todo México está indignado por la descalificación de Bernardo Segura, 18 minutos y 58 segundos después de haber cruzado la meta en la caminata de 20 kilómetros, de los Juegos Olímpicos, Sidney 2000.

Hay muchas preguntas sin respuestas. Los nubarrones de persecución contra los andarines aztecas volvieron a aparecer en el cielo de Sidney.

Los antecedentes son muchos, las explicaciones de la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), muy pocas. Las decisiones de los jueces son tan inapelables como la falta de un buen tónico de botica para el coraje tras la desilusión.

Las descalificaciones en los juegos comenzaron en 1980, con Daniel Bautista, campeón olímpico en Montreal 76, a quien le mostraron la tarjeta roja en los 17.5 kilómetros, bajo un puente en la ciudad de los zares y el italiano Mauricio Damilano se sorprendió al cruzar la meta como primer lugar.

En aquel pasaje, que igual, que enfadó al público mexicano, se habló de retirar a la delegación, luego de soportar otro teórico despojo en los clavados con Carlos Girón.

La IAAF modificó el reglamento, haciendo más flexible la amonestación por “flotación”, pero la caminata no perdió la subjetividad de unos jueces estrictos. Se habló de persecución, misma que no se comprobó y que dio la vuelta en Los Ángeles 84, donde México hizo el 1-2, con Ernesto Canto y Raúl González, colgándose las medallas de oro y plata, respectivamente. Incluso los jueces, más complacientes, no descalificaron a ningún atleta de la competencia de 20 kilómetros.

En el mismo certamen, Raúl González se adjudicó con una ventaja de 5:07, minutos, la medalla de oro en los 50 kilómetros.

En Seúl 88, la teórica persecución volvió a aparecer en la caminata. Ahora fue Ernesto Canto, quien llegó como campeón defensor y monarca mundial de 1987, pero sufrió la descalificación después del kilómetro 15, cuando lideraba la competencia con el checoslovaco, Jozef Pribilinec, a la postre ganador de la presea áurea.

La segunda descalificación dolorosa de Seúl corrió a cargo de Hernán Andrade, quien se mantenía como líder a la mitad de la competencia de 50 kilómetros.

En los mundiales de 1990 se repitió la historia, Canto, acompañado por Mercenario, marchaban al frente del pelotón y de pronto, desaparecieron de la ruta con sendas descalificaciones.

En Barcelona 92 se presentaron dos eliminaciones escandalosas, ninguna de ellas de caminantes mexicanos. En la marcha de 20 kilómetros, un juez evitó que España hiciera el 1-2, al descalificar al catalán Valentín Massana, a 800 metros de finalizar la prueba.

En los 50 kilómetros, el ahora campeón olímpico de los 20 mil metros en Sidney 2000, el polaco Robert Korzeniowski, fue amonestado cinco veces y aún así, entró al estadio en segundo lugar superando por milésimas al mexicano Carlos Mercenario, pero inmediatamente después, llegó un juez para decirle al polaco que estaba descalificado y Mercenario subió al podio para colgarse la medalla de plata. La persecución no sólo era para los mexicanos, incluso, un año antes, en el mundial de atletismo celebrado en Tokio, sucedió un caso similar al que vivió Korzeniowski y actualmente Bernardo Segura. Entonces, el andarín español Daniel Plaza, campeón olímpico en 92, cruzó la meta en tercero pero 10 minutos después le avisaron que estaba descalificado.

En Atlanta 96, Miguel Rodríguez luchaba entre los líderes y de pronto apareció un juez, y le cortó la marcha con la tarjeta roja en la marcha de los 20 kilómetros.

Ahora tocó el turno a Segura, tal y como le sucedió en los Panamericanos de 1995, una descalificación por “flotar”.

Para nadie es un secreto que la mayoría de los marchistas “flotan”, y la


¿Perseguidos o no?

televisión pone en evidencia tanto a jueces como a los propios andarines. Los monarcas olímpicos y mundiales fueron eliminados antes o después de lograr un título.

La verdad la saben los jueces y el propio Bernardo. Él sabe perfectamente si lo amonestaron tres veces. La manera en como aceleró su paso en dos ocasiones en la recta final es de llamar la atención.

Los antecedentes en descalificar a un atleta minutos después de haber cruzado la meta no es nuevo, pero el caso de Bernardo es auténticamente increíble. Llegó, brincó, se abrazó, festejó, dio la vuelta olímpica y 19 minutos después, le mostraron el cartón rojo.

Eventualmente, un juez se pudo acercar a Bernardo segundos después de finalizada la competencia, pero su euforia ignoró el aviso o simplemente no quiso oírlo.

Cuando era entrevistado por la televisión, un juez le muestra la tarjeta de expulsión, Segura no se da cuenta o no quiere darse cuenta. Su rostro es el mismo antes y después de enterarse de su descalificación, pero demuestra enojo ante las cámaras.

La caminata es la única prueba atlética sujeta a la sabiduría de los seres humanos, para las restantes no hay más, el ganador es el más rápido, el más fuerte y el que más salta.

La ironía de la caminata es la propia velocidad inherente de la marcha.

La caminata es la prueba del atletismo que más triunfos le dio a México, pero también la que más le quitó.

Haciendo una analogía, que puede ser válida, en el futbol mexicano, la prensa ha calificado a la Confederación Sudamericana como un organismo que no quiere a la selección y clubes aztecas. Pero, el representativo nacional llegó tres veces a semifinales, se quedó con un subcampeonato y dos terceros lugares en la Copa América. A nivel de clubes se acusa al arbitraje sudamericano como tendencioso en contra de los equipos mexicanos con los cuales hay consigna nunca comprobada, aquí también tenemos una sorpresa, en la Copa Libertadores del 2000, el Atlas llegó hasta cuartos de final y el América hasta las semifinales. En ambos casos se acusó sin pruebas antes de los resultados y los ataques se olvidaron.

Según testigos de la época, en los Juegos Olímpicos de 1968, un juez alemán, el último que estaba en el estadio antes de la meta, no se atrevió a descalificar a José “Sargento” Pedraza, quien materialmente “volaba” en su intento de alcanzar al soviético Vladymyr Golubnychy, logró superar a Mykola Smaha ante el alarido de la multitud reunida en el estadio olímpico, pero no logró empatar al primero.

Desde aquella primera medalla obtenida en la marcha por el inolvidable “Sargento”, se han celebrado nueve olimpiadas con un reparto de 27 medallas en la caminata de 20 kilómetros.

La repartición no es equitativa, México y la extinta Alemania Democrática se llevaron 12 de diferente metal, seis para cada país que representa casi la mitad de las preseas disputadas, el resto está repartido así: Italia y la desaparecida Unión Soviética con cuatro cada nación, dos de Rusia y con una aparecen, Checoslovaquia, España, Canadá, Ecuador y ahora se les une Polonia.

El único verdadero perdedor fue el otro caminante mexicano, Noé Hernández, quien a lo largo de la marcha se sacrificó tratando de reventar al polaco y ruso, logró el objetivo con el segundo y abrió paso para que Bernardo Segura se llevara la gloria, misma que le arrebataron de las manos.

El propio Segura con su “carrera” en la recta final, reventó a su propio compañero que a final de cuentas se llevó la medalla de plata, saltando por reglamento del tercero al segundo, como le sucedió anteriormente al propio Bernardo y Mercenario, sólo que ahora, el descalificado es un compatriota.


   
 

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