Fin a un letargo de 80 años en velocidad
El quinto lugar obtenido por Ana Gabriela Guevara en los 400 metros planos la convierte en la máxima exponente de la velocidad azteca, aún por encima de Alejandro Cárdenas.Por Martha Isela González
México, D.F.
25 de septiembre del 2000
(EsMas.com).-
Tuvieron que pasar 20 ediciones de Juegos Olímpicos, es decir 80 largos años para que la velocidad mexicana hiciera su aparición en una final de la máxima justa. Nadie podría imaginarse que esta responsabilidad y enorme orgullo recaerían en una mujer, en una joven de tan sólo 23 años y únicamente con cuatro años de experiencia en el atletismo internacional, Ana Gabriela Guevara.
El quinto lugar obtenido por la sonorense es verdaderamente histórico y aunque no ganó medalla nadie puede cuestionarla. La carrera de Guevara ascendió tan rápido como la marca de 49.70 que logró en julio de este año y que la colocó en el quinto lugar del ranking mundial.
Ahora, la sonorense ha grabado su nombre en la historia, no sólo en el atletismo nacional, también en el internacional, pero lo más importante es que gracias a ella, a su tenacidad y disciplina, la velocidad mexicana tiene ya un lugar, mismo que dependerá de las autoridades deportivas que continúe en la cima o se pierda nuevamente.
UN POCO DE HISTORIA
México participó por primera vez en los Juegos Olímpicos de París 1924. En esa edición nuestros representantes varoniles en velocidad fueron eliminados en la primera ronda; el mejor en los 100 metros fue Hermino Ahumada, con 11.00. Obviamente, sus tiempos estaban muy por arriba del registrado por el inglés Harold Abrahams, quien mejoraba la marca olímpica con 10.6.
¿Resultados en la rama femenil? Ni pensarlo. La velocidad del mal llamado sexo débil estuvo olímpicamente marginada en las primeras ocho ediciones de la justa. Internacionalmente las mujeres atletas hicieron su aparición en los Juegos de Ámsterdam 1928, donde la estadounidense Elizabeth Robinson ganó los 100 metros con 12.2, seguida de las canadienses Fanny “Bobbie” Rosenfeld y Ethel Smith.
En México, pese a que en 1932 se realizó el Primer Encuentro Atlético Femenil, teniendo a Luz Fonseca como figura estelar en los 50 y 75 metros (pruebas de velocidad que se celebraban en esa época) fue hasta los Juegos Olímpicos de Roma 1960 cuando por primera ocasión una corredora nacional tendría la oportunidad de asistir a los Juegos. La responsabilidad recaía en Sebastiana Alvarado, especialista en 800 metros planos, quien desafortunadamente se lesionó y no participó.
Mientras que los 400 metros -especialidad de Ana Gabriela- debutarían en la máxima justa hasta la edición de Tokio 1964. La primera campeona olímpica fue la austriaca Elizabeth Cuthbert, con tiempo de 52.01.
MÉXICO EN EL LIMBO
Las pruebas de velocidad en México se encontraban en el limbo, prácticamente perdidas. Sin apoyos y sin representantes que pudieran hacer algo en justas internacionales, los mexicanos que participaban en las diferentes distancias de velocidad siempre eran eliminados en la primera ronda.
Sin embargo, se auguraban cambios positivos al saber que México
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La mejor velocista mexicana de la historia. Foto Reuters.
sería sede de los Juegos Olímpicos. Vendría pues la posibilidad de buscar más apoyos en todas las especialidades y la velocidad, por qué no pensarlo, podría llegar a mejores niveles.
Desafortunadamente los resultados no fueron los esperados. En los 100 metros Esperanza Girón se colocaría en el sitio 39 (de 41 competidoras) con registro de 12.2; nada que ver con el 11.8 (récord mundial) de la estadounidense Wyomia Tyus. Mientras que en los 200, la mexicana se ubicaría en el lugar 34 (de un total de 36 participantes) con 25.3; la prueba fue ganada por la polaca Irena Szewinska, que impondría récord mundial de 22.58.
En los 400 metros planos el destino de Enriqueta Basilio fue similar al de Girón, pues finalmente quedó en el lugar 24 (de 29 atletas) con marca de 55.6. La medallista de oro fue la francesa Colette Besson, con 52.03.
En la rama varonil el panorama no cambió. Los resultados fueron poco alentadores y después de la justa celebrada en México, la velocidad nacional prácticamente desapareció.
EN 1992 SE GESTA LA VELOCIDAD
El nacimiento de la velocidad mexicana empezó a gestarse en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92. Curiosamente Alejandro Cárdenas formó parte del relevo 4x100 que por primera vez -en los anales del atletismo- pasaba la fase eliminatoria, con tiempo de 39.77 y llegaba a una semifinal, pero el sueño duró poco ya que el relevo, integrado además por Raymundo Escalante, Genaro Rojas y Eduardo Nava, fue descalificado.
En los Juegos de Atlanta 1996 una nueva figura haría su aparición en la velocidad olímpica: Alejandro Cárdenas, un joven sonorense con muchas ilusiones, que tiempo atrás había abandonado la práctica del decatlón para incursionar de lleno en la velocidad.
Cárdenas dio el primer y trascendental paso. En su segunda intervención olímpica logró lo que nadie antes que él: calificó a la segunda ronda de los 400 metros y aunque no avanzó más, captó la atención de quien a la postre sería el “Rey” de los Juegos del Centenario, Michael Johnson que, impresionado por su calidad, lo invitó a entrenar con él en Estados Unidos.
Por diferentes cuestiones Cárdenas no aceptó y decidió continuar sus entrenamientos al lado del polaco Andrey Piotrowski quien lo llevaría a realizar una hazaña más: conquistar la medalla de bronce del Campeonato Mundial de Atletismo de Sevilla 1999 con un tiempo de 44.31 su mejor marca personal en los 400 metros.
Cárdenas también llegó a Sidney 2000, pero una lesión y exceso de confianza provocaron que su actuación no fuera lo esperado. El velocista había prometido medalla, pero finalmente sólo llegó a la segunda ronda, con tiempo de 45.66, uno de sus peores registros.
No cabe duda que estos jóvenes sonorenses han hecho mucho. Su trabajo enorgullece y nos hace soñar en que algún día, tal vez no muy lejano, México podrá subir al podium.
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