Los locales se sacan la espina ante España
La selección española quedó fuera de los cuartos de final y sufrió una gran decepción ante el equipo anfitrión, que salvó la cara en la última oportunidad que le quedaba de evitar la ronda de los perdedores.
Sidney,Australia
25 de septiembre del 2000
(EFE).-
La selección española se quedó fuera de los cuartos de final, fuera incluso de los diplomas, y sufrió la enésima decepción de los Juegos ante el equipo anfitrión, que salvó la cara en la última oportunidad que le quedaba de evitar la ronda de los perdedores con marcador de 91-80.
Estaba cantado que a España le esperaba un infierno. Su única vía de acceso a los cuartos de final rebosaba espinas por los cuatros costados. Le hacía falta todo lo que no había tenido ante Rusia, todo lo que olvidó frente a Canadá y mucho de lo que enseñó contra Yugoslavia hasta que condicionantes de muy diversa naturaleza la sacaron del choque.
La selección española plantó cara a los anfitriones, al público y a sus propias dudas durante algunos minutos, pero acabó desencajada una vez más. En un pequeño trecho del encuentro, al principio, la esperanza renació entre los integrantes de la furia, aunque apareció y desapareció como un espejismo.
En el intervalo que permaneció la visión los hombres de Lolo Sainz confiaron en la defensa, ahogaron al mejor realizador de los oceánicos -Andrew Gaze- y fabricaron un escenario idílico (7-18 m.12) pero, desgraciadamente, irreal. La presencia de la selección anfitriona en cuartos era importante por muchos motivos y la debilidad mental de España crónica.
España había cargado contra los árbitros de su anterior partido y la sombra de las competiciones europeas es alargada. Igual que ante Yugoslavia, una inverosímil decisión arbitral, del griego Pitsilkas, que señaló una falta antideportiva a Roberto Dueñas por saltar
|
|

Gaze volvió a ser el líder de los "aussies".AFP
a taponar un tiro debajo del aro, el lugar natural de un pívot, cortó la escapada del equipo nacional.
Llovía sobre mojado. Las designaciones han levantado ampollas desde el principio en el seno del conjunto español, que en todos los encuentros se han encontrado con árbitros de conflictivo pasado -el esloveno Rems y el americano Jones, por ejemplo.
Pero lo que realmente metió a España en problemas, ya que la antideportiva causó más efectos psicológicos que en el tanteador, fue la entrada en funcionamiento de Gaze. Un remate del ex madridista Paul Rogers adelantó por primera vez a los australianos, aunque el tesón permitió a España cerrar el periodo entera (36-40).
Sonaba al canto del cisne. Los hombres de Sainz aguantaron el trance a golpe de aciertos individuales, pero la sensación de equipo se empezaba a diluir minuto a minuto. La estocada les había hecho mucho daño y la sangre comenzó a brotar a borbotones en cuanto los oceánicos hurgaron un poco en la herida.
Las primeras ventajas australianas desataron una tragedia a la que España, sumida en la desesperación, contribuyó decisivamente al perder el sentido del juego. La precipitación, la inseguridad y todos lo males que han lastrado al conjunto español en los Juegos salieron a la superficie.
Australia no podía fallar con ese panorama, y menos ante su público y contra un rival herido de muerte desde el día que perdió ante Rusia. España dejará Sydney antes de que se juegue la final. Primero tendrá que jugar contra China y, si puede, igualar el noveno puesto de Barcelona.
|