¡Otra vez la equitación!

Después de las primeras tres pruebas Horacio de la Vega marchaba en el cuarto lugar. Desafortunadamente, un mal caballo lo sacó de toda posibilidad de medalla.

Por Verónica Carbajal/Enviada especial


México, D.F.
30 de septiembre del 2000
(EsMas.com).- Cuando el mexicano Horacio de la Vega llegó a Sidney para competir en los Juegos Olímpicos sabía que tenía la oportunidad de ubicarse en un buen lugar durante la competencia de pentatlón moderno. Él, mejor que nadie, sabía que sus posibilidades de sobresalir eran reales.

Este sábado, en cuestión de segundos, y luego de haber competido en tiro, esgrima y natación, el sueño de lograr una medalla olímpica se derrumbó cuando en la prueba de equitación, Horacio, montando a “Cookardinia”, cayó del caballo en el tercer obstáculo, y aunque intentó recuperarse y continuar con la prueba, el tiempo se le vino encima, por lo que fue descalificado.

Además de la descalificación, Horacio de la Vega sufrió un duro golpe con la pata del caballo en la pierna izquierda, por lo que fue llevado a la enfermería donde le recomendaron que no continuara con la siguiente prueba, que era la carrera. Lo que sí tenía que hacer por cuestiones técnicas, era presentarse y tomar la salida de la última prueba para no ser descalificado totalmente de la competencia.

Horacio sólo correría algunos metros de la competencia y después abandonaría; de esta manera su clasificación, fuera cual fuera, aparecería en los resultados oficiales.

Así, el considerado mejor pentatleta de México, se presentó a la carrera con más de cuatro minutos de desventaja sobre el líder. Horacio arrancó con la pierna vendada y la cabeza gacha. No era el Horacio de otras competencias que en la carrera cierra a tambor batiente. Ahora su paso era lento, muy lento. Se esperaba que de un momento a otro abandonara la carrera como estaba previsto, pero no, pasaron los minutos y Horacio seguía ahí, luchando, a pesar de saber que terminaría en uno de los últimos lugares. “Hay que levantar la cara y no dejarnos vencer; por más lastimado que estés tienes que terminar la competencia”, diría más tarde el pentatleta, quien finalmente terminó el evento ubicado en el lugar número 22 general (compitieron 24), con 4039 puntos, por 5376 del vencedor, el ruso Dmitry Svatkovsky.

Sin duda alguna, significaba su peor resultado en 13 años de carrera deportiva. Se le veía más que triste; parecía como si sobre su espalda cargara una enorme loza, apenas se sintió mejor, brincó el barandal de una de las tribunas del estadio de beisbol de Sidney, donde se disputaron las dos últimas pruebas del pentatlón (equitación-carrera), y se fue a reunir con sus amigos de toda la vida. Ahí en primera fila se encontraban Christian, Juan Bernardo, Rodolfo, Guillermo, Eduardo, Rafael y su hermano Patricio;


Las circunstancias lo sacaron de la pelea. (Reuters)

todos ellos llegaron a la ciudad olímpica para apoyarlo. Sumido en su asiento y cobijado por sus amigos y hermano, Horacio presenció la ceremonia de premiación con la que soñó por mucho tiempo.

Pudo haber sido él quien estuviera ahí recibiendo una medalla. Él lo sabía y por eso la enorme tristeza. “Iba en el cuarto lugar y en la equitación pasó lo que pasó, otra vez el caballo, son situaciones que tú no controlas, uno no controla el caballo, hice el mejor esfuerzo que pude hacer y acabé la competencia que era importante para mí”, manifestó Horacio, quien se tapaba la espalda con una bandera mexicana que nunca fue ondeada por él.

Horacio platicaba con los periodistas mexicanos con voz apenas audible, cuando de repente, alzó un poco la voz para decir “pero ni modo, así es el deporte, así es la vida, y o’ra sí que ni modo, hay que continuar”.

Pese a su esfuerzo por darse ánimos a sí mismo, era evidente que Horacio sufría, como lo hacían sus amigos que se habían preparado para festejar un buen resultado del amigo y del hermano, porque conociéndolo, estaban seguros que lo lograría. Ellos eran entre la multitud del estadio, un reducido grupo de jóvenes mexicanos que pagaron 3 mil dólares, (el paquete completo de México a Sidney), para estar con Horacio en este día, y para el cual se esmeraron pintándose la cara y el cabello con colores tricolores. Ellos tal vez no imaginaron que éste sábado no habría motivos para festejar, por eso ahí estaba Rafael, quien conoce a Horacio desde hace cinco años, con lágrimas; y Rodolfo, quien no daba crédito al mal momento que tuvo que pasar su amigo; más triste aún estaba Eduardo Valdéz, quien con 20 años de conocer a Horacio, lo ha acompañado a varios eventos internacionales, como los olímpicos de Atlanta´96, “llevo dos Juegos Olímpicos con él, y vamos a estar en Atenas 2004, vas a ver que sí, ahí vamos a estar”, aseveraba “el amigo de toda la vida”, quien además decía agradecido “es un gran amigo, no recuerdo un cumpleaños mío que él no haya estado”. Pero seguramente quien más sentía lo de Horacio, era Patricio de la Vega, hermano menor de Horacio, a quien las lágrimas no dejaban de rodarle por la cara, “lo admiro, es mi héroe”, decía el joven de 24 años, quien no alcanzaba a comprender que en sólo dos segundos, los sueños de su hermano se derrumbaran.

Este sábado, Horacio de la Vega no quiso hablar de un posible retiro del deporte, existía esa posibilidad si ganaba una medalla, pero el reto sigue presente.



   
 

© 2000 EsMas.com derechos reservados de Comercio Mas, S.A. de C.V.