España supera el trauma del '92
España se tomó la revancha que desde los Juegos de Barcelona cargaba contra Angola y dejó atrás el trauma que sufrió ante los africanos en la noche más lamentable de su trayectoria internacional.
Sidney, Australia
17 de septiembre del 2000
(EFE).-
Sólo Alberto Herreros vivió aquella afrenta y en el cuadro español tampoco había resentimiento, pero al final saldó la deuda que desde entonces tenía consigo misma. Sin excesiva brillantez la abismal distancia entre un equipo y otro culminó el encuentro con marcador 64-45 a favor de los europeos.
Durante diez minutos, los hombres de Lolo Sainz cerraron cualquier vía de acceso del campeón africano al aro y le amenazaron con un vapuleo de escándalo. La producción de los angoleños en esa fase se redujo a una solitaria canasta de Miguel Lutonda mientras que los hombres de Lolo Sainz, sin demasiado esfuerzo, simplemente con disciplina, alcanzaban la barrera de los veinte puntos (19-2).
La posibilidad de un revolcón en toda regla planeaba sobre la pista del Dome australiano. No sólo por el amplio margen que reflejaba el marcador, sino por la inoperancia de Angola y su absoluta sumisión al juego español, cimentado en un buen bloqueo del rebote y mucha claridad de ideas para resolver las posesiones.
España caminaba hacia una revancha de
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Angola ha quedado atrás para España.AP
dimensiones extraordinarias, pero de pronto extravió la brújula, bajó los brazos en el rebote y contribuyó decisivamente a la reacción de un adversario que únicamente habido sido capaz de arrastrarse por la pista.
Los diecisiete puntos de ventaja se convirtieron en ocho en el descanso (30-22) y la situación empezaba a parecerse a la del partido de Barcelona '92, donde los angoleños dejaron a España fuera de la lucha por las medallas tras remontar una diferencia de veintitrés puntos.
La selección de Sainz no podía estar satisfecha. Ni mucho menos, sobre todo porque el paso por el vestidor tampoco la reanimó. Regresó a la pista tan atolondrada como se había ido y los angoleños, repletos de entusiasmo, se echaron encima (39-33 m.29).
Sin embargo, esta vez no hubo desastre. La normalidad se impuso a partir del minuto treinta. Con Juan Carlos Navarro en cancha, España comenzó a recuperar el rumbo y terminó en el sitio al que todos esperaban que llegase desde un principio: a una victoria inexcusable para poder afrontar el pase a cuartos.
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