Soraya vale lo que pesa
Como pocas veces en la historia, y después de 16 años desde que México obtuvo medalla de oro, la bandera mexicana volvió a ondear en lo más alto.Por Verónica Carbajal/Enviada especial
Sidney, Australia
18 de septiembre del 2000
(EsMas.com).-
No bien había terminado de entonarse el himno mexicano en el Centro de Convenciones de Sidney, y Magali, hermana gemela de Soraya Jiménez, se enlazaba al otro lado del mundo vía telefónica con su papá: "¡Sí papá, sí, ganó, ganó medalla de oro, ojalá hubieras venido para verla, avísales, adiós!". Magali cortó la comunicación a México y explicó; "era mi papá, seguramente no vio la televisión para no sufrir, pero mi hermano sí la vio y él fue quien le avisó que Soraya había ganado.
Quienes hayan seguido la trayectoria deportiva de Soraya Jiménez, sabrán que al señor José Luis no le gusta ver competir a su hija, ello explica el por qué de su ausencia en la ciudad olímpica. Y es que el señor Jiménez sufre más que cualquier otro miembro de la familia cuando ve levantar a Soraya tanto peso, lo que no quiere decir que no la apoye, por el contrario, ha sido el señor Jiménez parte fundamental en los logros de Soraya, quien este lunes se convirtió en la primera mujer mexicana en ganar oro en unos Juegos Olímpicos.
Como pocas ocasiones en la historia del olimpismo nacional, y después de 16 años desde que México obtuvo medalla de oro en la caminata de Los Angeles-84, la bandera mexicana volvió a ondear en lo alto de una prueba olímpica en señal de triunfo absoluto.
Eran las 21:35 horas en Sidney cuando el lábaro patrio fue izado al tiempo que se escuchaba el Himno Nacional en el Centro de Convenciones, donde la halterista Soraya Jiménez se vistió de gloria al adjudicarse el triunfo en los 58 kilógramos para cologarse al cuello la medalla que buscó, soñó y que finalmente encontró al levantar 225.5 kilógramos, superando a una de sus rivales más acérrimas, la norcoreana Ri Song Hui.
Escrito estaba que este lunes, ante la presencia de un medio centenar de aficionados mexicanos que sin conocerla a fondo la adoptaron espontáneamente como su deportista consentida para ofrecerle todo su apoyo, Soraya se sublimaría para darle también a su familia una enorme alegría.
Ahí estaban reunidos, en una de las esquinas del recinto olímpico, su mamá María Dolores, su hermana gemela Magali, los tíos Virginia y Manuel Mendívil, el mismo que años antes saboreó las
|
|

Vale su peso en oro.
mieles del triunfo olímpico pero en equitación, y quien esta tarde-noche parecía al borde del infarto cada que su sobrina se presentaba para realizar sus levantamientos. El Tío Mendívil se sumía en su asiento, respiraba profundo, retenía la respiración y no la soltaba hasta que veía a la sobrina terminar su levantamiento, con el rostro enrojecido esperaba tortuosamente la próxima aparición de la sobrina consentida.
En una mayor calma (aparente) se encontraban las tres mujeres Mendívil: La mamá fijaba la vista en su hija como queriendo protegerla con su manto maternal, mientras la tía se estrujaba las manos y Magali se desesperaba porque algún reportero se acercaba, justo a la hora en que Soraya iba a entrar en acción, a preguntarle cómo se llamaban los integrantes de la familia que acompañaban a la atleta.
Fueron momentos de angustia y esperanza de todos los mexicanos que al grito de ¡vamos Soraya, Sorayita, tú puedes! esperaban que "el milagro" llegara, aunque a decir verdad, no era necesario invocar a todos los Santos ya que, para no molestarlos, Soraya había realizado un excelente trabajo de preparación que se vio reflejado en el compromiso deportivo más importante de su vida y para el cual se tatuó un águila en el brazo derecho, porque como el águila, Soraya ha decidido volar cielo arriba, planear desde las alturas y acostumbrarse a esa vida de tezón esfuerzo y dedicación.
Por eso, no es nada raro que los directivos mexicanos la pongan ahora como ejemplo a seguir, "Yo creo que hemos visto en este inicio de olimpiada buena actitud de los boxeadores, de los voleibolistas, la misma judoka compitió con mucho corazón, estamos viendo una actitud diferente y seguramente esta medalla les va a inyectar mucho entusiasmo y ánimos a la delegación mexicana", consideró Ivar Sisniega, presidente de la Comisión Nacional del Deporte.
Sidney 2000, lunes 18 de septiembre, quedará registrado como el día en que Soraya Jiménez Mendívil, compitió en unos Juegos Olímpicos con todo el corazón por delante, respondiendo con enjundia y valor a las exigencias de la competencia, sin amilanarse, como una mujer mexicana que por mucho, vale lo que pesa.
|