España consigue el bronce en Sidney

España repite la medalla de bronce del torneo varonil, conseguida en Atlanta, al vencer a Yugoslavia.


Sidney, Australia
30 de septiembre del 2000
(EFE).- La selección española de balonmano logró la medalla de bronce al derrotar a Yugoslavia 26 goles a 22.

El partido fue una demostración de pundonor, superación y madurez psicológica españolas para firmar el metal con una dedicatoria muy especial ante la despedida de Iñaki Urdangarín.

Los hombres de Juan de Dios Román lograron subirse al podio para recibir la medalla de bronce por segunda vez consecutiva en unos Juegos Olímpicos, lo cual deja al balonmano español situado entre los mejores del mundo.

El cansancio, después de tantos días de competición, y los respectivos mazazos psicológicos de semifinales hicieron mella en ambos equipos y se manifestó muy pronto sobre la cancha.

La calidad quedó apartada y el protagonismo fue para los numerosos errores en todas las facetas.

De la quema sólo se salvaron por el bando español Talant Dujshebaev y David Barrufet, con una buena actuación en la portería.

Por el lado balcánico sólo Dragan Skrbic fue acertado en sus tiros, mientras que otros de sus compañeros no lograron hacer mucho. Principalmente los yugoslavos Nedeljko Jovanovic, Igor Butulija


España se lleva a casa la medalla de bronce. Foto AFP

y Nenad Perunicic.

Yugoslavia fue poco a poco una caricatura y España apretó los dientes para marcharse al descanso con una diferencia de 2 goles reflejada en el marcador de 13 tantos españoles contra 11.

La segunda parte mostró al jugado español David Barrufet mejor que nunca. Paró una barbaridad de balones desde 6 metros, con las dos manos o con una, pie y mano y todas las combinaciones técnicas para soportar él solo el triunfo cada vez más claro para España.

Con 20 goles para los españoles y 13 de los yugoslavos a cuarto de hora del final, la medalla estaba en el bolsillo.

La diferencia clara entre ambos equipos no dejó lugar al clásico espectáculo desde el banquillo liderado por el mítico Veselin Vujovic, jugador yugoslavo.

Hubo un momento de aprieto para los españoles, que cerca del final se transformó en cierto sufrimiento. Yugoslavia se acercó en el tanteador al aprovechar los fallos finales españoles.

El equipo español fue entonces vulnerable y la emoción presidió los últimos instantes del partido.

No obstante, España recuperó su ritmo para conseguir la medalla de bronce.
   
 

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