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Columna
Tae Kwon Do
Notas
 
 
 
 
   
 
   
 
 
El hombre ha sobrevivido, desde tiempos remotos, gracias al fortalecimiento físico y, por supuesto, a las capacidades de invención y de reflexión, que aumentaron su condición de vida. El mejoramiento de esta capacidad ha permitido que siempre viva en sociedad. A tal grado se alcanzó el desarrollo, que el jefe es, normalmente, el más fuerte.

La evolución de la civilización, en sus diferentes etapas históricas, provocaron que entre grupos o tribus se arrebataran el alimento, los territorios y posteriormente la mano de obra, convertida en esclavos. De la recolección de frutos a la aparición de la caza y la agricultura, orillaron al hombre a desplazarse de un lugar a otro hasta que consiguió establecerse de forma definitiva; al mismo tiempo aparecieron las guerras.

El despojo y la humillación que provocaron las luchas, dieron pie para que los jerarcas se preocuparan porque sus ejércitos practicaran la defensa y el ataque con las manos, así como el empleo de armas.

De acuerdo con el vestigio de civilizaciones antiguas, en Egipto fue donde surgieron los primeros torneos, en los que se celebraban combates, como es el caso del boxeo rudimentario, que fue la primera disciplina con un método de patada y golpes. Más tarde, en Grecia, la lucha y el boxeo alcanzan un alto nivel de desarrollo. De esta forma inicia una disciplina con un método de golpes a mano abierta y patadas, que se convertiría en un deporte que empezó a practicarse en los Juegos Olímpicos de la época antigua, en el 648 antes de Cristo.

Descubrimientos arqueológicos en Babilonia revelaron una serie de placas que presentaban figuras humanas en posiciones de técnicas de bloqueo. Tal vez el grado de desarrollo que alcanzó Mesopotamia permitió un sistema de combate sin armas, que hace suponer se trasladó primero a India y posteriormente a China, donde se originaron las artes marciales que basaron su método en descubrir los puntos débiles del hombre. Una vez que se identificaron las zonas vulnerables, se aplicaban las técnicas de ataque con las manos y los pies.

El budismo contribuyó con las artes marciales como la base espiritual. El mismo Sidharta Gautama, fundador de esta religión, es quien recorrió toda la India para transmitir sus enseñanzas durante 45 años. Tras abandonar a su esposa e hijo, Gautama se marcha para buscar el Nirvana, estado en el que radica la verdadera felicidad y la paz, que se encuentra en el "justo medio", para alcanzar la iluminación. Por tal motivo es llamado Buda, "el iluminado".

Bodhidhrama, vigésimo octavo buda quien practica las artes marciales, viaja de la India a China. Esta peregrinación pudo lograrla mediante una extraordinaria condición física y preparación mental, para llegar al monasterio de Shaolin, donde compartió el budismo Zen como una experiencia concreta, más no como la adoración por una divinidad. La aplicación práctica que los monjes encontraron a las enseñanzas del "buda de los ojos grandes", fue el desarrollar almas fuertes y cuerpos vigorosos, sin descuidar los fundamentos de los ejercicios mentales que delimitaba el I Ching. Este sistema opera entre las fuerzas opuestas del Yin y Yang, que se mantiene como unidad para formar al Tao.

Al paso de los años los monjes consiguieron el equilibrio, tanto en lo físico como en lo mental y espiritual. De esta forma comenzó la trasmisión de un sistema de autodefensa que les garantizaría seguridad y valor para enfrentar situaciones de peligro. El aprendizaje de los monjes para el combate fue más allá con la educación de la mente, que se mantiene alerta en todo momento para advertir la presencia del enemigo, aun cuando éste se presentara.

Los monjes de Shaolin adquirieron fama de grandes combatientes y posteriormente difundieron sus conocimientos del Kwonbop, "combate de mano abierta", por toda Asia. El más depurado desempeño recibió el nombre de Kung Fu, "el camino perfecto", con el que se definió en primera instancia a las artes marciales.

En Corea surgió el Tae Kwon Do, que se practica únicamente con el uso de los pies y las manos, sin la necesidad de emplear ninguna arma.

TAE significa pies

KWON significa manos

DO es el arte o el camino


De tal forma, el TAE KWON DO es "el arte del combate con pies y manos".

El arte marcial coreano ha evolucionado en el transcurso de dos mil años, de acuerdo con vestigios encontrados en unas torres del antiguo reino de Sila, donde aparecen figuras humanas en posición de combate, entre los años 57 antes de Cristo y 935 de nuestra era, así como pinturas en tumbas de la dinastía Koguryo, que pertenecen a los años 37 antes de Cristo y 427 después de Cristo, lo cual hace suponer que este arte marcial ya se practicaba antes de que Bodhidhrama llegara a China.
Las guerras, invasiones, los cambios gubernamentales, comerciales, religiosos, culturales y competitivos con los pueblos de los alrededores, le permitieron a los antiguos coreanos darle características particulares al arte milenario que originalmente llamaron Taekyon, o "patada de hierro".

Los jóvenes guerreros pertenecientes a la dinastía Sila eran entrenados física y mentalmente bajo el régimen del Taekyon y al mismo tiempo del Soobakdo "arte de golpear y dar cabezazos", lo que los convirtió en expertos en la defensa personal que se caracterizaban por su valor y heroísmo.

Durante el reinado de la dinastía Koryo, antiguo nombre de Corea, el Soobakdo tuvo alcances en la sociedad civil al volverse un sistema físico para la salud y un deporte que benefició a los jóvenes y niños. Más tarde el gran maestro Hwang Kee promovió esta actividad, a partir de 1945, fecha en que Corea fue liberada del dominio japonés, hasta el término de la II Guerra Mundial. Durante 1945 se abrieron diferentes escuelas de arte marcial que trataban de recuperar los conocimientos ancestrales del arte marcial coreano. Fue hasta 1952 cuando el general Choi Hong Hee comenzó a promover la idea de un arte marcial coreano unificado y en 1955 el entonces presidente coreano, general Sigman Rhee, da todo su apoyo para que se concrete esta idea, convocando a historiadores, filósofos y grandes maestros de arte marcial coreano para trabajar en este proyecto. Este grupo multidisciplinario de trabajo fue el encargado de darle el nombre de Tae Kwon Do, así como de unificar las técnicas y formas a este nuevo arte marcial.

En 1961 se funda la Asociación Coreana de Tae Kwon Do y en 1973, con la participación de 25 países, se constituye la Federación Mundial de Tae Kwon Do, la cual es presidida desde entonces por Un Yong Kim. Ese mismo año se efectúa el primer campeonato Mundial de la especialidad.

Con la fundación de la Federación Internacional de Tae Kwon Do, en 1966 se consolidan los planes de expansión y se evalúan periódicamente los avances que se tienen en cada nación donde se establecieron escuelas del arte marcial de Corea. Otro organismo que le dio fuerza al movimiento de proliferación del Tae Kwon Do fue la Federación Mundial que se creó en 1973 y al mismo tiempo dio origen al centro de entrenamiento y enseñanza que se construyó en Seúl. Posteriormente se llevó a cabo el primer campeonato mundial de la especialidad, al que asistieron 30 países.

El Tae Kwon Do se ha desarrollado a nivel mundial gracias al intercambio entre los países donde se practica, mismo que se ve reflejado en el cambio constante de este arte marcial, que se ha transformado en deporte, y en el elevado número de sus adeptos.

El Tae Kwon Do llegó a México en 1968 y fue el profesor An Dae Sup el primero que dio a conocer los movimientos básicos del Tae Kwon Do. En 1969, a instancias del doctor Manuel Mondragón y Kalb, da una exhibición en México el maestro Jack Kwan, quien deja maravillados a todos los asistentes con su maestría, por lo que recibe una invitación para radicar en México e impartir sus conocimientos en el arte marcial coreano. Pero debido a sus múltiples compromisos cede su lugar al profesor Dai Won Moon, quien se queda en el país e inicia el proceso de expansión que ha dado vida a 150 organizaciones debidamente registradas en la Federación Mexicana de Tae Kwon Do, a través de la cual efectúan un trabajo positivo en la sociedad mexicana, pues no solamente se les transmiten conocimientos técnicos sino también una serie de valores que permiten a sus practicantes integrarse a una sociedad en constante cambio, que requiere de ciudadanos con espíritu de lucha.