Frankie vive en el pasado, reinventando a cada instante aquel lejano momento en que actuó en la película Sexo, pudor y balazos. Realmente era un videohome de muy bajo presupuesto. Su participación es tan pequeña que sólo dice dos líneas y ni siquiera se aprecia su cara. Sin embargo, vive hablando de ello y hace referencia a su película ante cualquier situación. “Problemas…eso no es nada. Problema cuando estábamos filmando y…”. “Miedo…eso no es nada. Miedo cuando estábamos filmando la película y…”. No tiene trabajo. Se pasa el día escribiendo en una vieja máquina el guión que le dará fama y fortuna con lo que pagará el dinero que le piden a su suegro para vivir. Siempre está buscando una historia original para su libreto. Sin embargo, cuando al fin la tiene y la cuenta resulta ser la historia de una película famosa: Titanic, Superman, Nosotros los pobres, etc. Cuando alguien se lo hace notar, siempre responde: “De veras?...déjame darle una pensada.”
Obliga a Benito a ensayar y prepararse para “que llegue a ser un gran actor, como él”. Le da consejos absurdos y le indica cómo debe representar sus escenas. El quiere que su hijo sea actor por amor al arte. Lo tiene cansado con la historia de su película, la cual todos los días le lee para enseñarle los mínimos cambios que le agrega.
No sufre por no tener dinero, pues su suegro se los proporciona. Además, él está plenamente convencido en que la fortuna llegará y así pagará sus deudas. Cada vez que Lorena le pide dinero él hace un movimiento como si fuese a sacar la cartera pero en realidad saca un pañuelo para limpiarse el sudor y le sugiere a Lorena pedir más dinero a su padre.