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Entrevista con Lukas Moodysson, director de Las Alas de la Vida
por: Streamline
Fuente: Sitio Oficial

La pasión por hacer cine que reivindique a los que sufren en el mundo.

El sumamente respetado e influyente director sueco Lukas Moodysson ha logrado suprimir en sus dos filmes, Fucking Åmål y Together, la compleja brecha entre lo artístico y lo comercial. Por todo el mundo ha sido recibido con los brazos abiertos tanto por el público como por la crítica, y el legendario cineasta sueco Ingmar Bergman catalogó su debut como "La primera obra maestra de un joven maestro". Sin embargo, esto no ha impedido que desde entonces Moodysson se deje de exigir a sí mismo. Con Las Alas de la Vida lleva a su público a un viaje completamente diferente —lejos de los problemas políticos y personales de la Suecia de los 70, y hacia una sórdida realidad contemporánea de la otrora Unión Soviética.

"Es muy difícil decir con exactitud cuándo o cómo se me ocurrió la idea", comenta. "Después de Together sabía que quería profundizar más en mi siguiente película. Son muy difíciles de describir los momentos de la vida en los que te haces de estas ideas absolutamente claras. Sé cuándo sucedió, sé qué tipo de música estaba escuchando, pero eso lo reservaré para mí. Sin embargo, no sé si antes de eso había estado almacenada en mi cabeza durante mucho tiempo".

"Una vez que se me ocurrió la idea para la historia, conocía todo el universo que giraba en torno a ella. Abarcaba la tragedia personal —de Lilja— y una realidad política mucho más grande. Después sentí como que la película ya estaba ahí. Hice algo de investigación, pero en realidad la historia se me presentó bastante terminada".

Mientras el productor Lars Jönsson comenzó a financiar el drama de $3 millones de dólares, Moodysson llevó a cabo masivas sesiones de casting, en las que vio a cerca de 1,000 niños para las dos partes principales del filme. Durante un periodo de 4 meses, el equipo de producción visitó Moscú, San Petersburgo y Tallin, antes de haberse decidido por los rusos Oksana Akinshina (Lilya) y Artiom Bogucharskij (Volodya).

"Previo a esto, había viajado muy poco a esas ciudades, y al principio no había decidido que el lugar fuera anónimo, pero sabía que tenía que ser una sociedad ultrajada —un imperio colapsado".

Un colonia derruida, donde viven los personajes principales Lilya y Volodya, fue encontrada a las afueras de Tallin (Estonia) en el distrito Paldiski de habla rusa, cerca de una ex base submarina soviética abandonada. "Ese lugar solía ser un centro de poder, pero en la actualidad está vacío", comenta Moodysson.

"Sin embargo, no quería que nadie culpara a ese país en específico por la situación imperante.

Si bien la historia se centra en los personajes, la sociedad a su alrededor es de igual relevancia. Pudo haberse desarrollado en México, porque aborda la gran brecha que existe entre la gente rica y la gente pobre, así como la que se presenta entre los países, y cuán simple es para las naciones opulentas explotar a las necesitadas".

"Vivimos en una cultura donde puedes comprar cualquier cosa. Puedes comprar gente, su trabajo o sus entrañas —un riñón de la India o Turquía—; programas de televisión, como el de Ricky Lake, es también una comercialización de vidas. Mi película es acerca de ese mundo. No culpo a los países pobres, sino a los ricos que los explotan. En el mundo globalizado actual, las compañías suecas pueden mover sus fábricas a países más pobres y pagar casi nada por la mano de obra. Esto provoca todavía más desesperación en aquellos que no tienen nada".

"No es de sorprenderse que muchos (como Lilya) sueñen con escapar de ahí. Por ejemplo, en Moldavia, el país más pobre de Europa, creo que un 99% de la gente joven que ahí vive no cree que su país tenga futuro. Todos quieren abandonarlo. También tienen un porcentaje sumamente catastrófico de mujeres que se han prostituido. Esa es la terrible realidad, y no culpa de Moldavia. Es tanto una vejación comunista como capitalista. Tu película la haces acerca de una preferencia política, así que en ese sentido mi película es un alegato político".

La trama, los personajes y el diálogo son la clave en las películas de Lukas Moodysson. Es un escritor que dirige sus propias historias y en Fucking Åmål y Together su diálogo realista e incisivo fue sobresaliente. ¡Pero en Las Alas de la Vida, todo el diálogo era en ruso!

"Tienes que retarte a ti mismo —es como el fútbol. Juegas mejor cuando tu oponente es el campeón. Pero, ¿cómo puede trabajar con actores con los que no comparte el idioma? “Tienes que ser muy cuidadoso en el casting y elegir muy buenos actores. Una vez que pasan a formar parte del reparto, debo de tener muchísima fe en ellos y ellos en mí. A partir de ese momento, es muy básico. Construyes una atmósfera relajada y placentera durante toda la filmación; no solamente para los niños. Esto significa que se atrevan a cometer errores e intentar cosas nuevas, sin la restricción de los nervios. Es esencial.

No es secreto que después del éxito de Together, a Moodysson le hayan ofrecido varios proyectos en los EEUU, pero hasta ahora no los ha aceptado.

"Nunca he tenido la ambición de mudarme ahí, pero eso no significa que en algún punto de mi carrera no dirija una película en los Estados Unidos. Allá existen muchos temas sumamente interesantes para abordar. Me gustaría hacer una película en inglés pero las ofertas no han sido interesantes. En vista de que adoro el cine, es trágico que el país con la industria cinematográfica más grande que hay en el mundo ya no le importe el cine como tal, sino solamente el dinero. Se ven como el centro del mundo, pero no es cierto. Tienen esta falsa impresión de que todos los directores tienen el sueño de emigrar a Hollywood, como si ésa fuera una meta por sí sola. Es muy arrogante. Sin embargo, si llegó a ir, necesitaría de mi equipo esencial. Estoy totalmente de acuerdo con los sindicatos, pero si trabajar en los EEUU significa que no puedo utilizar a mi gente, como director europeo no estaría dispuesto a trabajar ahí".

Una fotografía de un ángel y un niño también tiene un papel fundamental en Las Alas de la Vida.

"Sí, es difícil hablar de ello, pero en realidad es una de las cuestiones principales en la película. Si hay una cosa que me puso en marcha para hacer esta película, tendría que ser eso. Tengo este pensamiento recurrente que me obsesiona cuando no puedo dormir. Tiene que ver con toda la gente en el mundo que está siendo torturada. Así que no puedo evitar preguntarme si existe alguna esperanza para la gente que vive en el infierno. No es una pregunta teórica para mí, sino una existencial. Eso es lo que intento explicar en este filme. Yo creo que es así. Hay alguien arriba que nos observa. Eso quizá y no nos pueda ayudar, pero la esperanza es lo único que tenemos. Para sobrevivir en este mundo, la necesitamos".

Sumamente elocuente tanto en la escritura, como en la realidad y en el celuloide, Moodysson, quien también publicó varias recopilaciones de poesía y una novela, cree firmemente que sus películas como arte hablan por sí mismas.

"Cuando hago una película, ésta expresa exactamente lo que pienso y lo que creo, no hay nada más. No hay eslóganes, pósteres o entrevistas que puedan expresarlo de mejor manera. Todo lo demás es un compromiso en contraposición a la película —la obra de arte—, así que me parece realmente frustrante que los periodistas me pregunten: ¿de qué trata tu filme?".


Lukas Moodyson un director con sensibilidad para reflejar problemas sociales. Foto: Videocine

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